viernes, mayo 23, 2014

Huevos

Un par de compañeros de trabajo estuvieron esta semana en una fábrica española de mi empresa -y hasta ahí puedo leer- para solventar una situación compleja, nada a lo que no estemos acostumbrados.

La tesitura era tensa, las exigencias son muchas y las empresas no quieren errores que perjudiquen los resultados de la compañía, por lo que era entendible que las conversaciones estuviesen plagadas de frases secas y gestos adustos; quienes trabajamos en ambientes industriales estamos habituados a ello.

Hubo un momento, me contaban, en que una gran jefa de esa factoría se les acercó, con toda la corrección de que supo hacer gala, para decirles:

'La próxima vez que me provoquéis un problema de este tipo, me cortan los huevos (sí, los huevos). Pero ese día yo os cogeré los vuestros y os los cortaré -haciendo gestos como de quien rebana chorizo en una tabla de madera- en lonchas'.

Y la mujer se fue tan pancha.

Sí. Lo admito. Si ese comentario lo hubiese hecho un hombre ni tan siquiera habría llegado a mis oídos.

Pero precisamente por eso lo escribo, porque lo que esperamos de la mujer es el toque de persuasión y gestión de personal que el hombre, en muchos casos, no sabe ofrecer.

Sin embargo esta directiva, que debe ser válida, luchadora y brillante para haber llegado a un puesto de esta responsabilidad, muy probablemente será de las que piensa, como Cañete, que la superioridad intelectual la dan los testículos.

Lo malo para ella es que el día en que se dé cuenta de que ése no es el camino ya será difícil de hacer ver a los demás que sus huevos son ficticios.

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