miércoles, noviembre 06, 2013

Tiempos

El equilibrio en una vida personal puede encontrarse en una buena gestión de los tiempos, sujetos a diferentes escalas marcadas para organizar nuestro día a día.

Si uno sólo trabaja a una escala, donde las unidades sean únicamente los días, o por contra lo sean los años, acaba frivolizando en demasía la existencia o dramatizándolo todo en una carrera a ninguna parte.

No es fácil ser capaz de disfrutar del momento como si la vida se acabara mañana y en paralelo tener una visión clara de futuro. Pensar a menudo en el qué será de nosotros es agotador e insano, no pensarlo te convierte en una persona sin criterios ni estrategia vital, impersonal, al capricho de los vientos.

Todos, afortunadamente, abrazamos diferentes escalas, aunque es gracioso pensar en personas concretas, con nombres y apellidos, que viven en el desequilibrio de no saber ponderar las vivencias en su justo término, a quienes el mundo se les cae encima por cada pequeña decisión a tomar o aquéllos que se ríen del mundo, incapaces de comprometerse en nada de valor.

El drama de la vida vista desde bien lejos, reducida a una línea pequeña con tres acontecimientos realmente definitorios, u observarla desde bien cerca, donde el detalle tan cercano del placer inmediato te hace olvidar el espacio en el que todo se desenvuelve. Lo íntimo y lo superfluo, lo pesado contra lo liviano, la ambición frente a la rutina, ver tu existencia en un guiño de ojos o guiñar el ojo para sacarte una sonrisa.

La consecución del equilibrio es saber, tarea difícil, pasar de un lado a otro, trascender e ironizar, con la sencillez de quien es consciente de que no hay verdades absolutas.

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