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miércoles, julio 17, 2013

Olas

Decía Carmen Martín Gaite que el sexo son como dos olas que se funden, hay veces que lo hacen en la cumbre de cada una de ellas y el resultado es espectacular, pero no es fácil que siempre ocurra ese milagro de compenetración brutal.

Con las relaciones personales ocurre lo mismo, somos olas individuales, con nuestros ritmos particulares, no siempre coincidentes con las subidas y velocidades del resto de olas que nos rodean en la inmensa planitud del mar.

Hay momentos en que te acuerdas con enorme emoción de alguien que es, o fue, importante en tu vida. En algunas ocasiones, cuando llegan esos instantes, haces por recuperar el contacto, con una llamada, un mensaje, una cita... Pero la ola de esa persona, muchas veces, está en otras cosas, tal vez apaciguada o mirando hacia otro lado, divirtiéndose con otras tantas o con ganas de latitudes nuevas.

Hay días en que recibes guiños directísimos de gente a quien bien quieres pero con la que esa noche no te apetece una cena, o compartir una confidencia o reírte con una charla nocturna por teléfono, sin considerar, porque tal vez no haya que hacerlo, que cuanto menos chocan dos olas menos fuerza encuentran para volver a reencontrarse..

Nos buscamos y nos escabullimos como olas. Yo te busco, tú te vas, él me añora, ella se fue, están por ti, tú estás en tu mundo. Olas que rompen diferente, que se cruzan en diágonal o chocan de frente, olas que se alejan definitivamente hacia horizontes inabarcables, olas que no hacen más que rebotar contra la misma roca, olas que no salen de su estanque tranquilo. Olas que se ven, que se gustan, que se ignoran... Pero qué bonito cuando rompes de lleno contra otra en plena cumbre.

1 comentario:

Albada2 dijo...

Escenario de olas de vodevil. Con puertas de quita u pon, y paredes de cartón piedra.

La voluntad de permanecer atado con hilos de seda a una cadencia.

Me gustó. Un saludo