miércoles, julio 31, 2013

Hormigas

Haciendo transbordo ayer por la tarde en la aparentemente caótica estación de cercanías de Chatelet-Les Halles, sucumbiendo a los olores nauseabundos que la caracterizan, más aún en pleno verano parisino, húmedo y caluroso, me vi como una hormiga más de un lugar cualquiera.

Por siempre orgulloso de haber vivido tres magníficos años de mi paso de la juventud a la madurez en esa ciudad de ensueño, cada vez tengo más clara mi voluntad de no sentirme hormiga, de no correr detrás de metros que no tengo prisas por coger, de no martillear con mis zapatos la alfombrilla del coche en atascos interminables, de no recibir como respuestas caras enfurruñadas en cualquier bar, de no medir con angustia las horas de relax para no perder tanta oferta imperdonable que, tú mismo te dices, no se puede dejar pasar.

1 comentario:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Se trata de saber lo que nos daña y cambiarlo. Las verdaderas hormigas no tienen ninguno de estos problemas que mencionas.

Pensamos muy parecido... al menos en esto.