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domingo, marzo 03, 2013

Kilos

En la edad adulta pasamos, salvo excepciones, mucho tiempo dedicado a pensar, y luchar con más o menos fortuna, contra los kilos, las arrugas o todo síntoma de deterioro que nos haga sentir peor en nuestro propio cuerpo, en una guerra imposible de ganar a pesar de las múltiples batallas victoriosas.

Cada año se hace más difícil el equilibrar el placer con la imagen, los sacrificios se vuelven menos efectivos y el espejo deja de ser un cómplice para convertirse en martirio, pero aún así el ser humano mantiene su lucha por volver a ser como antes en ese tobogán del descenso al que nos agarramos con fuerzas para tratar de no caer todo lo rápido que la pendiente impone.

Sí, hay quien tiene aliados en la genética para librar esa batalla con otras armas, pero cada cuál tiene su escala de ansiedad ante el declive y lo que para unos es una pequeña arruga para otros es el cañón del Colorado.

Los humanos nos esforzamos de continuo por mantener nuestra imagen como los perros van tras una pelota que le tires en la playa. Caemos en ese juego una y otra vez.

Sin embargo eso nos hace estar vivos, tal vez formando parte de nuestro instinto de supervivencia. Luchar por ser siempre tan jóvenes como lo fuimos hace poco es la forma instintiva de rebelarnos ante el precipicio de la muerte, y así debe ser.

La gente que se cuida, sin excesos ni obsesiones, es gente que transmite energía. Prefiero a personas presumidas que desastres, aún a sabiendas de que la principal razón de la hermosura siempre esté dentro del corazón, porque cuando uno se preocupa por estar físicamente bien implica que le importa el mundo.

Dejarnos ir es el principio del fin.

3 comentarios:

Las Cosas dijo...

De acuerdo

Reyes dijo...

Me viene bien leer esto hoy que pienso hacerme con un catálogo de batitas floreadas con un bolsillo único.
Besos.

Alforte dijo...

Dejarnos ir es el principio del fin... y eso aunque pueda resultar raro a edades muy tempranas también pasa.
Bsote