sábado, mayo 19, 2012

Obsesión

No hay nada más perjudicial para el amor que la obsesión.

La obsesión del amante la huele el ser amado y le asusta.

Amar es darlo todo, sí, pero sin convertirse en un pelele sin valor en función de la devoción por aquella persona a la que ames.

Contado así parece de perogrullo, pero no han sido pocos los casos ni una o dos las amistades a las que he visto arrastrarse por encontrar el camino de llegar a obtener la recompensa a sus desvelos.

Se consiguen, a veces, victorias temporales gracias al bombardeo, pero nunca duran mucho ni son auténticas.

La vanidad recrecida de aquel que recibe un amor tan incondicional es mala compañía para una historia de amor, se pervierten los papeles y el desequilibrio corrompe todo.

Aceptar la derrota a tiempo es mejor que dejarse avasallar por las ganas de querer a una persona que no ve en ti aquélla con quien compartir su vida.

Sí, hay historias que han funcionado a base de insistencia de uno de los dos, sobre todo si el carácter más despreocupado, ingenuo o complejo de quien no se quiere comprometer hace de las suyas.

Insistir es hermoso cuando se habla de querer, perseverar también es buena medicina en temas de amor, darlo todo y no dudar.

Hay un momento, sin embargo, en que todo se emponzoña, en que las estrategias para llegar al objetivo pasan factura al propio protagonista, en que uno comienza a abandonar amistades de las que no quieren oír consejos, en que se encierra en su agujero de dolor por no querer ver la realidad de admitir que no eres la persona que el otro querría.

La frontera entre la perseverancia y la obsesión la marca la madurez de una persona.

Todos hemos hecho locuras por amor. Pobre quien no tenga en su bagaje un período de su vida en que ésta no tenía sentido por no ser correspondido.

El problema es cuando no se llega a admitir, nunca, la derrota.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo.
Llega un momento en que hay que dejar de arrastrarse,levantar la autoesmita y empezar a caminar de nuevo.Lo primero es nuestra dignidad como personas.

ANTÍPODAS.

Alforte dijo...

Salva, no sabes hasta que punto tus sabias palabras son terapéuticas en este momento de mi vida...siempre es un placer leerte, pero en este caso me has ahorrado el dinero del psicólogo ;-) ...desde hoy eres mi gurú.
Besos.