jueves, mayo 10, 2012

Espuma

En todas partes cuecen habas. A veces uno mira el panorama patrio y siente cierta desolación, aunque la estupidez no tiene por qué estar especialmente concentrada en nuestro país; simplemente es lo que nos pilla más cerca.

Sin embargo hay veces en que uno se sorprende al comprobar cuánta gente resentida, amargada y amargante hay a nuestro alrededor. Personas que se empecinan en echar espuma por la boca ante todo y contra todo.

Lo observas al pasear, en tu comunidad de vecinos, al leer los comentarios en artículos de internet, al escuchar tertulias de radio o cuando pasas un rato frente a un periódico: Ciudadanos que se regodean en la mierda, que sólo quieren que las cosas vayan lo peor posible tal vez para calmar sus propias miserias.

Es realmente descorazonador descubrir que el progreso de nuestra sociedad tiene tantos frenos que vienen desde dentro de la misma. No hablo ya de política, sino de incapacidad para disfrutar de lo ajeno, del bienestar de los otros, de la capacidad de crear, evolucionar, proponer, sentir o innovar.

¡Qué sencillo es destruir!

A todos los que echan espuma por la boca les recomendaría aplicarse su propia medicina, dejar de mirar hacia todos lados con ojos vidriosos para preparar el próximo ataque; reencontrarse, por el contrario, con ellos mismos, estableciendo ese mismo nivel inaudito de crítica visceral, pero en primera persona.

Cuando uno está en contra de todo debería de comprender que el problema no está en el 'todo' contra el que actúa, sino en él mismo y su sensibilidad capada.

Antes de lanzar invectivas, reflexionar sobre qué eres tú y qué aportas de positivo al mundo.

Habría menos odio.

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