lunes, mayo 07, 2012

Hollande

Sabemos que corren vientos decisivos en nuestra vieja Europa, un continente que parece no aprender de su pasado y se permite votar en masa a partidos xenófobos, fascistas y retrógrados como si no hubiéramos tenido en el pasado guerras brutales por nacionalismos inflamados como pregonan las huestes de, por ejemplo, Marine Le Pen.

En Francia se decidía, en esta época convulsa, si seguían cinco años más con un presidente conservador que hablaba sin tapujos de cerrar fronteras, llenándosele la boca de patrias, banderas y relacionando todo lo malo con el islam y el inmigrante, cómplice con Merkel de una Europa cada vez menos social y más yanqui, donde se denigra al débil, se cercena la educación y se busca la austeridad no a base de pedir esfuerzos a los mercados ni impuestos a los especuladores, sino a partir del recorte de pensiones, servicios sanitarios y ayudas al estudio.

Una comunidad europea comandada sin escrúpulos por dos países que no se acomplejaban en tratar al resto de la Unión con arrogancia, decidiendo en un despacho de Berlín o París hasta cuánto se tenían que apretar el cinturón los países periféricos.

Asemejarnos a Estados Unidos en lo peor, aniquilando protección y derechos excusándose en una austeridad que sólo hace daño a quien vive con lo justo, supeditándolo todo a adelgazar cualquier cosa que suene a solidaridad, sin preocuparse del sufrimiento de la gente corriente ni de las consecuencias que para toda una generación traerá este frenazo. Querer ser como Norteamérica sin tener la unión sentimental que allí sí tienen, ni la solidaridad que allí sí existe entre estados. Copiar lo peor sin tener las bases de una sociedad armonizada.

En estas elecciones se decidía si seguíamos por el camino de la soga al cuello, del desprecio al desfavorecido y la alabanza a los mercados o si, ahondando en nuestra historia reciente y mirándonos en el sabio espejo de nuestro pasado, se buscaba una Europa más solidaria, abierta y combativa.

No podemos asumir la degradación moral de nuestra sociedad para rebajarnos al nivel de China con el objetivo de competir con ellos, tenemos que conseguir que sea China quien se europeíce y entienda que sólo hay un camino para el progreso: los derechos del hombre, las libertades, el respeto a las reglas laborales construidas durante decenios por las generaciones que nos precedieron.

Hay que saber que se tiene que racionalizar al máximo el gasto, se tiene que conseguir una función pública lo más productiva en nuestros países y debemos asumir una fiscalidad progresiva, realmente justa, en función de nuestros ingresos; pero no podemos condenarnos a no invertir en nuestro progreso, en la investigación y el desarrollo, ni debemos descuidar la formación de los que nos sucederán.

El reto no es fácil, sino complejísimo, pero no vale todo en tiempo de crisis y, por poco margen de votos, mi querida Francia ha dado un vuelco a la historia.

Hollande se equivocará, dará pasos erróneos y se tragará muchos sapos, pero el paso hacia una Europa social y más humana ha sido un paso de gigante.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Salva, el discurso progresista es maravilloso pero tiene una grandiosa laguna. El inconveniente es que ese discurso no habla nunca de generación de recursos, sólo habla de su reparto. Parece que hablar de generar recursos es de derechas y hablar de repartilos es de izquierdas. Pues bien, en ese caso yo soy ambidiestro y bisexual políticamente hablando.

Salu2
Fernando

Salvador Navarro dijo...

Siento no estar de acuerdo, Fernando. Una sociedad justa formará a la gente para que consiga a base de iniciativa y tenacidad sacar lo mejor de cada uno para ganarse la vida tan dignamente como sea capaz. Yo no estoy hablando de un marxismo alienado, sino de una izquierda inteligente y sensible, que pueda dar un hueco a cada cuál según sus capacidades. Y si hablo de cultivar la inversión en investigación es porque creo en la innovación, en la gente emprendedora y en el progreso que proporciona quien sabe hacer de esta sociedad un lugar productivo.

Unknown dijo...

"generar recursos es de derechas" Ojala. Parece que lo de generar se ha quedado obsoleto frente al especular y valerse de un gran capital. No negare que el capitalismo fue un vector de generación importante (aunque con sus fallos importante al nivel de repartición efectivamente) pero parece que, al igual que el resto de utopías, no sobrevivió al siglo 20.

Pierre

Pierre.

Anónimo dijo...

Eso de que la derecha se atribuya la generación de recursos es una falacia del mismo calibre que la autoasignación de la políticas sociales en exclusiva por la izquierda.
Como dije el otro día, en el fondo creo que somos unos sentimentales que asistimos perplejos e impotentes al fin de mundo civilizado.

Salu2
Fernando