martes, febrero 21, 2012

Nacho

De pronto hay personas que entran en tu vida que se hacen imprescindibles.

A Nacho lo conocí a punto de cumplir los 30. Era el amigo perfecto. De mente abierta, culto sin pedantería, comprometido políticamente sin ser talibán de nada, viajero, divertido, golfo, querido por su círculo, currante, 'escuchador', independiente y cercano.

En esa época en que yo andaba perdido, él me introdujo en su mundo y yo me dejé llevar. Podía contarle mis historias de amor, hablarle de trabajo, no había problemas en bajar a las alcantarillas de mi existencia porque Nacho no se asustaba de nada.

Con él conocí una Sevilla distinta, más abierta de lo que podía imaginar, mucho más canalla, irreverente y provocadora.

A través de él llegó gente luminosa de las que él me entregaba las llaves de las puertas directas que no pasaban por su territorio.

Época de liberación en que todo me parecía posible, crecimiento en lo personal que me hubiese costado imaginar años antes en una vida que era lineal y previsible.

Olga, Javi, Cristina, Marisa, Alfonso, Violeta, Eduardo, Leticia... El mundo se abría sin reglas ni compromisos.

Viajamos por media España, dormimos en casas ajenas, nos emborrachamos como cubas y nos llamamos 'hermano'.

No pasó nada. No entendí nada. No hay explicaciones sensatas que hagan que, ahora, con 44 años, me lo cruce de vez en cuando por esas mismas calles de Sevilla y nos digamos, a secas y sin cruzar la calle, educadamente y con aprecio, un 'hola' casi inaudible.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que no es la primera vez que te leo sobre amistades perdidas o evolucionadas a otra cosa. Con cierta pesadumbre, pena o incompresión. Sin reproches, eso sí. Creo que todos tenemos esa sensación para alguna gente y sin duda alguien la tiene para nosotros.

Mondo difficile, vita intensa, felicitá a momenti e futuro incerto.

Perdona, venimos del registro de parejas de hecho de "casarnos" y tras la celebración, tutto è relativo excepto l'amore.

Besitos y salu2

Raquel & Fernando

Salvador Navarro dijo...

¡Enhorabuena! Eso se merece al menos una invitación a un par de cervezas...

Un beso!
Salva

Justo dijo...

¡Qué duro es lo que cuentas!

Yo pienso en dos modelos de amistad: uno el que considera al amigo como uno más de la familia, hasta la muerte.. tipo película de Marcello Mastroianni.

Y otro el que describía Proust, que recordaba que un amigo cuya sola vista te da tanta alegría que eres capaz de subirte a la mesa de un bar y gritar delante de todos, tiempo después no es nada, porque el entusiasmo compartido estaba adscrito a un tiempo y momento determinados..

Pero aunque nos atengamos a esta segunda opción, habrá que guardar por lo menos las apariencias, ser un poco más cordial, ¿no?

Un saludo, acabo de entrar casi por casualidad -desde Mulholland World-