lunes, septiembre 06, 2010

Batas blancas

Cada uno tenemos nuestro historial más o menos intenso, dramático, desesperante o satisfactorio con la medicina, pero ésta es una parte de nuestra vida que no podemos obviar, la de los hospitales, consultas y radiografías.

Mi primer recuerdo, a parte de las visitas al médico de cabecera por gripes o las revisiones escolares, fue la operación a la que fui sometido en quinto de EGB -tendría que hacer cálculos para averiguar la edad- para corregir mi estravismo, o bizquera. Fue tal el impacto de esa luz de quirófano, de la separación de mis padres, la sangre, las vendas, el postoperatorio, que resulta imposible de olvidar.

Desde entonces mantengo una innegable admiración por el oficio del sanitario. Médicos y enfermeros.

Quien se enfrenta al cuerpo humano de frente, al enfermo, en cierto modo a la muerte, contiene en sí mismo un valor encomiable. Relativiza a cualquier otra de las profesiones.

En mi época de adolescencia en que hice frente al choque tremendo que supone aceptar la certeza del morir, tuve un momento de 'crisis' en mi relación de adoración hacia ese mundo. ¿Para qué afanarse en curar si no son más que parches en un cuerpo que no tiene más que un final conocido?

Luego han llegado muchas operaciones familiares, algunas realmente de vida o muerte, he conocido salas de hospitales dedicadas a enfermos terminales. Oncólogos, cardiólogos, psiquiatras, traumatólogos, cirujanos, enfermeros de la UCI, de ambulancia, médicos de urgencia.

Están donde la mayoría de nosotros no queremos estar, asumen como habitual en sus vidas el dolor de los otros, sus angustias y lo hacen, en la mayor parte de los casos, con una profesionalidad encomiable.

Sabemos que nos tendremos que cruzar con ellos muchas veces en nuestras vidas. Por nosotros y por los nuestros. Y estarán allí, poniendo lo mejor de ellos...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida es lo más hermoso que tenemos.
Estas buenas gentes de las batas blancas (en ocasiones, verdes) son, para mi, profesionales de la vida. Y nada les detendrá para impedir que en su esfuerzo diario, muchas veces denostado injustamente, tiren la toalla sin haber agotado hasta el último recurso, técnico o humano, para evitar que la vida se apague mientras la persona enferma esté dispuesta a luchar consciente o inconscientemente.

Saludos
Montgeron

Anónimo dijo...

Por las experiencias que he vivido personalmente ,sólo me cabe elogiar a estos hombres y muejeres llenos de vocación, humanidad.Son excelentes profesionales. " Chapeau" a nuestros médicos, enfermeros, auxiliares y personal sanitario en general.Un abrazo

ANTÍPODAS

[Jos] dijo...

Gracias por describir así la profesión del sanitario. Me ha emocionado.

Arezbra dijo...

Sin olvidar que son personas. Que sienten que padecen y que por más que la costumbre haga mella en ellos, la sangre no vale templada en lo suyo. Fríos pero de cálido corazón. Tienen mucho mérito.
Preciosa entrada y entrañable, como todo tu blog por lo que he estado bicheando. Pasaré más por aquí.

Arezbra