Íbamos de excursión en el barco con el que rodeábamos la península de Sirmione, en el lago de Garda, entre copas de Prosecco y música ochentera. El piloto, un Casanova, nos señalaba la casa donde pasaba temporadas María Callas.
—La 'dolce vita' —exclamó.
Entonces se giró a una turista alemana para que le tradujese el término.
—La vida dulce —respondió ella, en inglés.
Él puso cara rara y le explicó que hay traducciones que no se pueden hacer al pie de la letra.
—La 'dolce vita' es el arte de saber no hacer nada.
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