Yo heredé una reunión de equipo los viernes a la hora de almorzar.
A una hora razonable para que así se pudieran conectar los equipos de Sudamérica, sin que fuera muy tarde en Turquía.
Me resultaba difícil conseguir que la gente participara, por mucho que le diera la vuelta a la forma en que se desarrollaba. La clave es que la gente solo estaba pensando en terminar la semana. Era complicado hacerles pasar mensajes de profundidad.
Como mano de santo, tras pasarla al lunes, ese punto se volvió mucho más vivo y participativo.
Dirigir a un grupo de personas exige, por encima de todas las cosas, sentido común.
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