viernes, junio 17, 2016

Vestuario

Entreno en un gimnasio muy pequeño de la calle Rosario. Tan pequeño, que el vestuario tiene capacidad para 4 taquillas y no más de 3 personas al mismo tiempo. Tan apretujado todo, que si abres la puerta apareces retratado en medio del local.

Reconozco que soy excesivamente pudoroso. No haría nudismo ni en una isla desierta, por si acaso. Es algo que no sé de dónde me viene, pero me gustaría corregir.

Una gran cantidad de los tipos que acuden al gimnasio, tras cambiarse, la mayor parte de las veces sin saludo previo ni despedida, sale por la puerta del vestuario y se va, dejándola abierta de par en par. Poco importa que el de dentro esté en pelotas, sea pudoroso o, simplemente, no se quiera ver en paños menores en medio de una conversación entre chicas.

Hay días, tras la ducha, en que me planteo realizar un análisis estadístico de la gente a la que le importa un bledo lo que le afecte a los demás, que ven a la gente con la que se interrelaciona como bultos con ojos o accesorios de baño.


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