jueves, junio 30, 2016

Noches

Hace algo más de un mes que hago mucho deporte, no duermo por las noches de un tirón y compro más ropa que nunca.

Tal vez es la reacción inconsciente de un ser humano ante la muerte de un padre bueno, un impulso extra de vida, negación de la degradación y protesta incontrolable ante la impotencia de no poder retener entre mis manos a quien me colocó en este mundo de locos.

Despierto por las noches sin terror ni angustia. Me giro, me coloco bocarriba y adivino el techo en la oscuridad silenciosa, repaso escenas sin sentimentalizarlas y trago saliva para no despertar al amor de mi vida.

Nunca supe qué era el insomnio y sé que volverán los plácidos sueños de despertarse con la luz del sol. Hay calma, sin embargo, una tranquilidad suprema que no sé qué período de mi vida presagia, como si en cierta forma me hubiese vampirizado y entendiese claves inexplicables que me acercan a la esencia de lo que existir implica.

No sé cuándo aterrizaré de estos vuelos a otro mundo que no era el mío, ni en qué momento dejaré de hacer flexiones como si mi cuerpo fuera a arrugarse de no hacerlas; aun siendo consciente de que debo volver a sintonizar con la mirada de los otros, las conversaciones cerveceras, las noticias del telediario, los reproches laborales, las neveras llenas, las cenas prometidas, las risas que entendía, los papeles ordenados, las canciones que me gustan, los sonidos que ahora no escucho, las rutinas tontas que me hacían tan feliz.

2 comentarios:

Fesaro dijo...

Toda ola se vuelve orilla

Fesaro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.