sábado, enero 02, 2016

Regenerar

No se puede vivir sin sueños, aunque sean compartidos o incluso de otros, cuando la edad te cierra horizontes lejanos y no te queda sino proyectar tus ilusiones en las de los tuyos.

No es saludable apagar el despertador cada mañana sin tener motivaciones para levantarte de la cama. Estén relacionadas con lo que lo estén.

Los proyectos, eso sí, deben ir regenerándose. Hay que actualizarlos. La madurez consiste en eso, en encontrar palancas que accionar para ir acoplando nuevos retos cuando los desafíos pasados se hicieron realidad o se desinflaron.

Yo sueño con mi nuevo año en Renault, con objetivos más ambiciosos que nunca por poner nuestra fábrica al primer nivel; sueño con el negocio de Fran y el cosquilleo que producen los nuevos envites; con mi novela aún por aparecer y con mi novela aún por escribir; con la película que, esta vez sí, está próxima a estrenar; con los cinco kilos que sé que voy a perder, con la semana santa en Florencia de la que ya tengo los billetes, con la adolescencia desconocida de mi sobrino Iván, con la carrera profesional de mis hermanas como monitoras de pilates, con los cursos de quiromasaje de mi hermano David, ¡vaya familia sana! Sueño con todos los viajes y cenas por compartir con mis amigos de verdad, para que me hagan partícipe de sus éxitos y confíen en mí en sus pequeñas derrotas; sueño con la recuperación total a una nueva vida de mi querida Montse.

Sueño con que el amor siga siendo mi faro, algo que necesita de un trabajo diario, constante, leal, que estoy dispuesto a reforzar.

Sueño con una España cada vez más civilizada, solidaria y unida, dispuesta a entenderse sin coacciones, por el bien exclusivo de la ciudadanía. Un país que deje atrás lo soez y abrace la cultura, que haga penar a los corruptos y motive a la juventud, que no se deje llevar por populismos ni por mesías y refuerce la educación. Un país cosmopolita y abierto que no olvide nunca a los más débiles y no se deje gobernar por gente casposa que hace tiempo que dejó de representarnos.

Un mundo donde el fanatismo quede acorralado por las armas de la razón y el respeto a la naturaleza.

Y sueño con los mejores días para mi padre, con hacerle partícipe de nuestros proyectos para que cada mañana en que le despierte la luz de un día nuevo, encuentre en los que lo queremos un motivo de sonrisa. Que siga por mucho tiempo con sus lecturas de historia, sus diagramas con los reyes de España, sus paseos entre amigos por Heliópolis y su coqueteo adolescente con las mujeres que lo adoran.

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