viernes, enero 15, 2016

Claxon

Llegar a mi calle Santa Clara desde Torneo es fácil si conoces un atajo que te saca por una parte de dirección inesperada en Lumbreras, giro por Mendigorría a la derecha y te introduces por Álvaro de Bazán a la izquierda, una pequeña calle empedrada donde nació ese bailarín llamado Antonio cuyo mausoleo tiene copada media entrada del cementerio de Sevilla.

Mi espíritu agonía por apurar los tiempos me hace llegar más de una vez con prisas a casa, y este callejón es un lugar del mundo donde los tiempos se detienen. El hecho de ser una calle poco transitada parece dar derecho a sus vecinos para bloquearlo con sus coches y charlar, descargar o esperar a un familiar, como si fuese el peaje a pagar por aquéllos que lo profanamos.

Soy impaciente, defecto grave, pero evito mostrarlo en el coche. Mis años de conducción entre los atascos infumables de París me enseñó a ser educado, y flemático, al volante. Basta con que me hagan un gesto de disculpa para ponerme a jugar con las emisoras en el coche, organizar la guantera o trastear un rato las noticias en el móvil.

Es suficiente un guiño, una sonrisa, una mano levantada, una subida de hombros, un moverse de prisa...

Si no hay nada, ni un gramo insignificante de disculpa por hacerme pagar el peaje, entonces toco el claxon.

1 comentario:

Fesaro dijo...

Años de dar patadas al balón calle arriba y calle abajo en ese lugar y con gol final en Clavijo