domingo, noviembre 29, 2015

Amar

Soy de los que piensan que produce más felicidad regalar que recibir regalos, que no hay placer como el de entregar y entregarse.

Tengo la fortuna de conocer el amor con mayúsculas, el de sentir que soy deseado, cuidado, admirado, respetado y escuchado, del mismo modo que comparto mi vida con alguien que provoca los mismos efectos en mí.

Sé que amar se debe conjugar en primera persona. No vale amar con idea de recibir nada a cambio, ni puede combinarse con miedo al futuro, a la soledad o a la pérdida de atractivo. No se puede querer con estrategias ni dosificar los afectos si se quiere de verdad. 

Hay sólo un camino, que pasa por estar convencido de la eternidad de la relación a la que uno se entrega. Pensar que cada día es único, que no hay postergaciones posibles para sorprender ni preguntas que guardarse acerca de las inquietudes e ilusiones del ser amado.

El amor es cursi. Sí. 

El amor es de colores pastel y dientes blancos. Es de nubes de algodón y edredones calentitos. Es de cosquillas en el estómago y desayunos compartidos. De caricias por debajo de la mesa y magreos en las siestas. Es de wasaps en reuniones, de caprichos en el súper, de cenas invitadas, de viajes sorpresa, de despertarse en la noche para mirar cómo duerme quien te lo da todo. 

Amar es reírse de la muerte, es acompañarse sin hablar y reñirse los despistes de siempre, es adivinar reacciones, adelantarse a los miedos, anticipar alegrías, compartir amistades.

Amar es darse sin parapetos. 




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