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viernes, noviembre 06, 2015

Perfume

Con ventitantos años me organicé un viaje inolvidable de quince días a Bolivia; una aventura con todos los ingredientes para disfrutarla porque se encuadraba en una posible historia de amor a miles de kilómetros de distancia que se había fraguado durante meses por correspondencia.

Si bien la historia no funcionó como hubiésemos querido, sí quedó una fuerte amistad y unas imágenes imborrables de mi recorrido por los paisajes andinos, agrestes y selváticos, helados y tropicales, coloniales, indígenas, de sonidos castellanos y quechuas, pintorrequeado de iglesias blancas, misiones jesuitas talladas en madera y olores a alpaca, sabores de ceviche, noches de whiscola, falta de oxígeno, mercadillos de chicha, furgonetas con música de Mocedades atravesando la gran Cordillera y caras cuarteadas por el frío mirándome con tanta desconfianza como curiosidad.

Esa Bolivia de entonces, deformada por mis realidades de ahora, es una constante en mis sueños coloridos de las noches que duermo sin despertador, y me permito abrir los ojos y cerrarlos para volver a un país de desniveles inimaginables en nuestro planeta, bajo cielos azules de frío polar, donde las piedras colocadas hace mil años recuerdan al sol por dónde entrar cada invierno.

Allí se mezclan mis mundos actuales con los proyectos de entonces, cuando las puertas de la Vida se abrían inmensas a cualquier posibilidad.

Tan reales son mis visitas a ese país imaginario que esta semana, al terminarme de asear y buscar sin éxito mi tarro de perfume pensé, por largas décimas de segundo, que me lo había olvidado, tan sólo minutos antes, en la habitación boliviana de mis sueños.

1 comentario:

Leo Teran dijo...

Lindos recuerdos, esa Bolivia llena de coloridos, diversos y magestuosos paisajes se acuerda de ti con la misma nostalgia y cariño!.