miércoles, marzo 18, 2015

Cenar

Delante de la máquina de café le comentaba esta mañana a Elisa nuestra cena de ayer con Nuria en La Azotea; un hueco que solemos encontrar cada semana para disfrutar de ella, en que nos ponemos al día de nuestras vidas, llenas de anécdotas y emociones que contar a pesar del escaso tiempo sin vernos.

Como solemos hacerlo con la propia Elisa, o con tantos otros amigos que llenan nuestro día a día con mayor o menor frecuencia.

Cenar por la comida en sí y la compañía, sin más excusa que la de querer disfrutar del momento, como válvula de escape y celebración de estar vivos; para dejar de un lado móviles y mirarse a los ojos, para escapar de noches pasivas enfrentados a una pantalla de televisión y dejar de hablarse por whatsapp; encuentros sin objetivo, con la mente abierta para escuchar de verdad, con la plena atención que merecen aquéllos a quienes queremos, con las defensas bajadas y la capacidad de sorpresa activada sin filtros. Cenar por degustar un buen vino y dejarte llevar por el suave efluvio que nos desencorseta.

Elisa, con el café de las ocho de la mañana, me decía:

-Se os va una pasta en cenitas.

Y yo le contestaba, provocador:

-¿Y hay algo mejor en lo que gastársela?

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