miércoles, septiembre 17, 2014

Orfandad

Sé que soy un ser especialmente afortunado y, sin que suene a terapias facilonas de autoayuda, lo tengo muy presente.

De entre todas las cualidades y ventajas con que me ha regalado la vida, una significativamente importante, para mí, es la capacidad de soñar, entendiendo el sueño como un mundo paralelo que me enriquece, descontracturando mi realidad y provocándome reflexiones acerca de lo que soy que me ayudan a conocerme mejor.

Y dentro de esa gran cualidad que es el acceso a esa ventana lúcida al mundo de mis sueños tengo la gran ventaja de poder disfrutar de aquellas personas con las que no tengo otra forma de compartir mis días.

Son muchas las mañanas en que, durante décimas de segundo, despierto sin tener la certeza de si mi madre ha muerto, algo que ocurre porque paso muchas horas de mis noches junto a ella, que aparece como entonces era, joven, comprensiva y atenta, una máquina de dar cariño al niño adolescente que soy en esa otra vida.

La orfandad es terrible.

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