martes, enero 29, 2013

Ojos

Hubo un compañero de la fábrica donde trabajo, hace muchos años, que me contaba en los turnos de noche en que las averías nos dejaban respirar sus teorías acerca de la existencia.

Siendo sevillano en el habla parecía oriental en su espíritu contemplativo y reflexivo. Me hablaba de la Naturaleza como su religión, convenciéndome por momentos de la inexistencia de la muerte puesto que, decía, nosotros, como materia, no desaparecemos, formamos un conjunto indisoluble con el mundo y el universo, nos reconvertimos pero ahí seguimos. Siempre.

Es hermoso tener la capacidad de pensar así, aunque sea a ratos.

Su reflexión pasó por mis filtros noveleros y se proyectó en otro prisma para ver la vida, particular, sí, efectivo a ratos también.

Esa proyección me lleva a ver el mundo como un ser vivo, que lo es desde el momento en que encierra vida en su interior, del que nosotros somos un trozo minúsculo, pero trozo al fin y al cabo. De la misma forma que un pelo o una célula, vivísimos, pertenecen a nuestro cuerpo.

Un ser vivo del que nosotros somos sus ojos; le damos la vista al mundo. Esa gran masa de la que formamos parte indisoluble a la que entregamos información a partir de nuestras visiones, sensaciones, escuchas.

El mundo crece en función de lo que siente y es el hombre, soy yo, quien le da el retorno y lo hace evolucionar.

Mis ojos son los ojos del mundo, que mira curioso y reacciona; y por muchos ojos que tenga, los míos son suyos, y yo lo hago avanzar.

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