lunes, enero 21, 2013

Comparar

Cuando hice mi primer viaje interrail por toda Europa, sin ni tan siquiera 20 años, comprendí que había dos formas de enfrentarse a lo nuevo, que en esas circunstancias lo era todo: las gentes, las lenguas, paisajes, costumbres, vientos y luces; o bien se miraba con ojos vírgenes o bien se pasaba por el filtro de lo ya conocido. Me decanté, como en una prueba de vida, a defender la primera estrategia para siempre.

Iba con un compañero de viaje, tan alucinado como yo por la experiencia de pasar un mes tan lejos de casa sin apenas dinero, que optó por comparar. Todo era mejor, peor o similar que Sevilla y en sus conversaciones siempre acababa mencionando a España.

La grandeza de descubrir, según el planteamiento que yo abracé, era enfrentarme al mundo, a lo desconocido, al extraño con la falta de prejuicios que supone no obsesionarme por pensar cómo son de diferentes respecto a mí y mis circunstancias.

Es una inocencia forzada, sí; resultando incluso más difícil, con los años, encontrar la libertad total que supone estar dispuesto a integrar lo inexplorado en tu vida. Difícil, sí, mantener la capacidad de sorprenderse.

Siento que se aprende más cuando no se ponen corazas a los vientos que llegan de otros lugares, aún estando éstos dentro de una parte de ti que aún no conoces.

4 comentarios:

Miguel Urda Ruiz dijo...

No te has planteado una novela con los recuerdos, peripecias, anecdotas de ese primer viaje, Salva.
El conflicto se lo pones tú como autor. Hay tienes argumento pa muchas, pa muchas páginas.

Miguel

Alforte dijo...

Hermosa disposición para viajar la tuya. Es mejor no comparar porque si bien superficialmente las cosas pueden ser diferentes en el fondo, en las cosas más importantes, no existen diferencias entre países, culturas y razas, a todos nos hace llorar las mismas cuestiones.
Bsote

frantic dijo...

Con los viajes me pasa lo mismo que con los libros y las películas: procuro saber lo mínimo e indispensable y así no voy con ideas preconcebidas. Si al final resulta que no me gusta, pues con no volver tengo bastante; eso sí, siempre será una experiencia para contar a la vuelta.

TROYA dijo...

Viajar es abrirse al mundo y dejar, permitir, que éste se nos muestre tal y como es. De ese modo podemos aprender y aprehender de él. Disfrutarlo.
Un saludo.