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salvador-navarro.com

miércoles, enero 16, 2013

Flash

La vida es desconcertante incluso en los momentos anodinos, siempre que mantengas tu sensibilidad alerta a observar el mundo pasar.

Quien más quien menos todos tenemos un historial de situaciones límite que nos llevaron a alcanzar momentos de máximo despiste en nuestro devenir como humanos, pero tendemos a estabilizar incluso la más caótica de las tesituras para conseguir que todo vuelva a su cauce, que de nuevo la existencia nos parezca normal.

Recuerdo mis años de remo, cuando entrenábamos durante kilómetros y kilómetros montados en un bote sobre el Guadalquivir, en movimientos estudiados, siempre perfeccionables a pesar de su repetitividad. El equilibrio inestable de la embarcación se conseguía a base de mantener la velocidad, conservar la postura y sincronizar tus movimientos. 

Sin embargo, había momentos de lucidez u ofuscación en que tu cabeza se iba de allí, de ese entrenamiento, del río y del ir y venir de tus brazos con exquisita precisión hacia ningún lado y entonces, durante un instante, perdías el equilibrio y tu cuerpo producía un espasmo de autocontrol para recuperar el mando.

A veces me pasa que en mi vida diaria, intensa, emotiva, llena de proyectos y cargada de frustraciones aparece una situación perfecta, inexplicable, perturbadora en que creo ver durante décimas de segundo el Secreto de la Vida.

Tras ese momento mágico, casi soñado, el cuerpo te devuelve a tu sitio, al paleteo sincronizado sobre el río de tu existencia comprensible.

2 comentarios:

TROYA dijo...

Son los "momentos perfectos", tan raros y maravillosos.
Saludos

Las Cosas dijo...

Bueno... Que decir... Palee por y para.el Náutico...