martes, marzo 20, 2012

Gastar

No sé hacia dónde nos lleva este torbellino, pero sé que soy un privilegiado por tener el trabajo que tengo, por cobrar una nómina a fin de mes y poder vivir sin estrecheces.


Sí, me habré currado mi situación actual, pero muchos otros han luchado más que yo y están en la cuneta, o por haber elegido un camino que no era previsible que se viniese abajo o por no haber encontrado su lugar en el mundo laboral.



Siendo mi situación tal cual es, a mí la responsabilidad me puede y el privilegio que siento tener me obliga a pensar en mi posición en la sociedad.



Los que estamos en condiciones 'sanas' a nivel económico o laboral tenemos el deber de contribuir al dinamismo económico del mundo en que vivimos.



Estamos obligados a gastar. A gastar bien y no racanear, a consumir en tiendas del barrio, a comprar verduras o vinos producidos en nuestra tierra, o en Portugal mejor que en Estados Unidos, a invitar a tapear a quien no quiere salir de casa porque no le salen las cuentas.



Tenemos que mover nuestro dinero por varias razones: la primera es para infundir optimismo al personal. Hay que salir. Se nos tiene que ver. La miseria atrae la miseria y la mezquindad, y somos muchos los que tenemos posibilidades de que nuestra sociedad no se paralice por el miedo. La segunda es porque un dinero que fluye es actividad que se genera, y músculos sociales que se ejercitan.



Es el momento de mirar dónde se producen las cosas y qué compramos, sí. Cayendo la que cae no podemos ser ajenos al etiquetado de una botella. No porque no quiera comprar un producto alemán, sino porque prefiero uno griego.



En nosotros está que no nos anquilosemos. Los cinco millones se convertirán en seis si no hacemos porque la sociedad se mueva.



Ir al cine es dar trabajo al taquillero y al cámara, ir a Canarias de vacaciones es dar trabajo al camarero del hotel, encargar una pizza es conseguir que un negocio se mantenga.



Y si alguien innova en nuestro entorno, a muerte apoyándolo. Si alguien ha creado un programa informático, o edita vídeos originales, o reinventa excursiones para turistas, o vende hielo artificial para los americanos, a muerte con él.



En los privilegiados está gran parte del futuro. No podemos fallar.

2 comentarios:

frantic dijo...

No sé qué decirte, Salvador.

Yo siempre he apostado por el consumo responsable y el comercio justo y de proximidad porque, tal y como dice una conocida mía, si buscas trabajo aquí para qué coño compras de allí. Sin embargo, me estoy empezando a cansar de que se nos considere privilegiados por tener -de momento- una nómina a fin de mes y una economía saneada cuando esto en realidad no es sino un derecho inalienable de toda la ciudadanía.

Hace mucho que elegí ser yo la que decidiese en qué me gasto el dinero y eso no pasa por cambiar de móvil o de ordenador todos los años, ni por salir a cenar todos los sábados cuando por menos dinero puedo organizar en casa una cena de traje con mis amigos en la que comeremos más y mejor. Si quiero irme de vacaciones y mantener los puestos de trabajo en hostelería, no me queda otro remedio que organizarme así. Mi sueldo, rebajado y congelado desde hace casi dos años, no da para todo.

Anónimo dijo...

No es por hacer de la necesidad virtud,pero estoy alineado contigo en esta entrada y me declaro, quizá hedonistamente: enemigo del ahorro. Me refiero a ese ahorro de los abuelos, el ahorro por miedo al futuro, no al ahorro para comprar lo que sea sin pasar por la piedra de la usura bancaria.

Salu2
Fernando