martes, octubre 11, 2011

Volumen

No dejar hablar levantando la voz es un fenómeno muy hispánico que suele venir potenciado por el estrés y, en muchos casos, por la mala educación.

No somos conscientes de hasta qué punto es incómodo y despreciativo el subir el volumen de tu voz cuando tu interlocutor intenta preguntar, aportar alguna idea o rebatir.

Los franceses, cuando se sienten interrumpidos de forma abrupta te dicen con calma y con la sequedad que les caracteriza: 'déjame terminar'.

Tendríamos que hacer un ejercicio de diagnóstico interior en nuestras relaciones con los demás, porque hay veces en que da la sensación de que no escuchamos cuando dialogamos sino que nos comportamos como monolitos que sólo saben meter baza y subir el volumen como argumento.

Si alguien nos habla, no está de más respetar sus tiempos, escuchar sin dedicarnos en exclusiva a buscar razonamientos que defiendan nuestras posiciones.

No tengo la fórmula mágica para hacer que mi interlocutor no levante la voz como estrategia, a no ser el hecho de no hacer lo mismo y, tras aguardar a que baje de las cimas de lo extemporáneo, decirle con todo el afecto: 'permíteme hablar'.

Aunque no está científicamente probado, creo que en ocasiones la buena educación es contagiosa.

3 comentarios:

Sharly dijo...

Como de costumbre en tus mensajes, un comentario muy inteligente que es casi imposible rebatir o discutir. Sólo le veo una pega, la buena educación es contagiosa... pero, por desgracia la mala tambien lo es.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo amigo Salva, a pesar de que en algunas ocasiones yo mismo peque de mala educación, fruto del estrés o la contrariedad que me producen determinados temas.

Afortunadamente, la mayoría de las pocas veces que me ocurre, es frente a personas que me contagian su buena educación.

Un saludo
Rivo

Argax dijo...

De acuerdo totalmente. HAgo ejercicio de autocrítica y me descubro ejecutando el argumento de "espera que yo grito más que tú" en alguna ocasión. Es muy molesto y no aporta nada.
también estoy de acuerdo en que la buena educación es contagiosa.

Un saludo