miércoles, octubre 05, 2011

Cómicos

No olvidaré el vacío que sentí en el estómago cuando, en plena vorágine del rodaje de la primera escena de nuestra película, vi el abrazo entre Carmen Tamayo y Rubén Carballés justo antes de interpretar un momento especialmente complicado.

En un rincón de la casa, apartados, se abrazaban para meterse en la piel de Gloria y El Pirata, escondidos, antes de presentarse delante de veinte personas, tres cámaras, dos grandes micrófonos y una ilusión colectiva enorme.

Este mes de rodaje me ha servido para ponerme a prueba en muchos sentidos, pero sobre todo para aprender.

Un oficio tan viejo como el propio hombre, en esa necesidad de contarnos de forma creíble lo que habita en nuestra interior: risas, desgracias y cotidianeidad.

Estoy deseando ver en la gran pantalla el ataque de histeria que le entra a Gloria cuando prueba un trozo de pastel de hachís, o la violencia en la cara de Yann cuando Lola le ningunea, el desasosiego de Roberto cuando imagina a su mujer secuestrada, la dulzura de Marga al confesar a su madre todos sus miedos...

Son los actores personas con un oficio tan hermoso como duro. No tener, salvo excepciones, una nómina a fin de mes ni un proyecto de vida claro porque no saben dónde estarán al terminar la próxima obra, la siguiente película o serie de televisión.

Consiguen hacernos cómplices observadores de otras vidas y nos abstraen de nuestras rutinas.

Nos excitan, nos hacen reír, provocan dudas en nuestros comportamientos, nos emocionan, se desnudan para mostrar la naturaleza humana en situaciones extremas y, con ello, nos hacen practicar una de las terapias más reconfortantes que puedan existir: eliminar por algún rato nuestra unicidad y permitirnos volar con ellos hacia otros espacios que no son los nuestros.

Nos dejan sus miradas, los instintos y sus miserias para hacernos entender mejor el alma humana.

2 comentarios:

Alforte dijo...

Que ejercicio de empatía el ponerse en la piel de otro y que arte convertir a un persoanje en persona.
Mucha suerte!!!

J.L. Ordóñez dijo...

Es un oficio fascinante, duro, complejo, imprescindible... y ahora tienes la suerte de vivirlo en primera línea de batalla. Suerte para el tramo final de rodaje!