sábado, marzo 05, 2011

Amanecer

Admitiendo que todo es física y química en nuestro cerebro, no sé cómo potenciar el proceso que lleva a mis neuronas a hacerme sentir un cosquilleo cerebral ante la contemplación de un amanecer de un día cualquiera.

Mientras me tomo el zumo de naranja y me asomo a la ventana sureña de mi salón, muchas veces, incluso con frío en el exterior, la abro para oler el día que nace y tomar la pausa necesaria antes de entrar en la vorágine devoradora de un nuevo día.

Hay veces que, como espectador privilegiado desde ese mirador, trato de encontrar ese cosquilleo que no viene, esa emoción ante lo básico que me lleva a tiempos pasados, a la esencia de mí mismo y de mi relación pasional con el vivir.

Será que la rutina, nada química, entorpece los chispazos entre neuronas causantes de esa sensación tonta y barata de felicidad total.

Lo bueno es que hay días, mañanas en que te levantas sin pensar en nada, que tomas el mismo zumo, enciendes el tostador con el mismo sueño y, como un reclamo, la ventana te llama para decirte:

Vente para acá, Salva, vente para acá y mira cómo de bonito se ha puesto hoy el sol para ti.

2 comentarios:

Alforte dijo...

Aysss esos placeres básicos como la contemplación de la naturaleza... cada vez me emociona más sumergirme en esse simple y ancestral ritual.

Reyes dijo...

Pues sí , y aunque llueva , también puede ser un engalane continuo .
Me gusta tu optimismo, yo de pequeña pensaba que el día seguiría naciendo aunque yo me muriera, ya ves .
Pero eso era porque era superdotada tipo gótico,jeje.
Ahora he madurado.
La belleza es nuestra o puede serlo, siempre.
Basta con quedarse ahí, mirando....
eso cada día me gusta más, reniego del tumulto y de las autovías.
Muchos abrazos.