miércoles, diciembre 29, 2010

Una broma

Como buen vividor que soy, pienso a menudo en la muerte.

Ya no lo hago con el pánico helador de la infancia-adolescencia, en esos tiempos en que descubres la verdadera naturaleza del hombre y nuestra temporalidad.

En mi caso aparece una tabla de planchar, la cocina de la casa de mis padres y una conversación con mi madre.

Mi pregunta, inocente, esperando una respuesta tranquilizadora:

'Pero, mamá, ¿todos nos tenemos que morir?'.

'Sí, hijo'.

Esa época en que aún no te ha salido vello en las axilas y ya piensas en la oscuridad de tu cama que habrá un momento que estés enterrado bajo tierra, que nunca más existirás.

La muerte es arrebatadora y no es fácil endulzarla a base de razonamientos, que no llevan a otro término que a constatar que sólo hay un final.

Sin embargo, al madurar vamos entendiendo de otra forma el mundo y nuestro lugar en él.

Sería horripilante también pensar en una existencia eterna en este mundo, ¿hacia dónde nos llevarían nuestras relaciones?, ¿cómo estableceríamos mecanismos para proponernos nuevos objetivos e ilusiones por los siglos de los siglos?, ¿cómo sería posible seguir madurando?, ¿habría infinitas generaciones viviendo al mismo tiempo?

Desde mi perspectiva agnóstica, como desde cualquier otra, es duro asumir el dolor de la desaparición total. A fin de cuentas, es más duro el morir de los otros que la propia muerte, porque una vez desaparecido uno ya no habrá vida pero tampoco sufrimiento.

A veces, en sueños, alguien me explica que todo esto es una broma y siento una placidez total. Pero los sueños acaban también.

Entender que somos finitos es lo que me hace vivir la vida plenamente.

5 comentarios:

Melvin dijo...

El ejercicio de asumir el "desenlace" debe ser diario, como una etapa más del proceso vital. El agnosticismo le da, más si cabe, sentido a este pensamiento porque no existe refugio ninguno donde cobijarse de los miedos que uno guarda en su interior. Sólo la honestidad de saberse finito y vulnerable.

Reyes dijo...

Igual deberías hacer más caso de tus sueños.
El racionalismo nos ha hecho mucho daño.
Besos.

Vanity dijo...

La muerte es una cosa que epicuro ya definió bien, por ahí está y ya llegará, mientras tanto podemos escribir mientras tengamos manos y no lepra.
Por otro lado, está la pérdida de los demás, que a veces duele, y a veces alivia.

En cuanto a la clase pregunta hacia la madre sobre la muerte, recuerdas aquella escena de La cinta blanca de Haneke? Creo que es brillante, y también cómo reacciona el niño

Un saludo,

VD

Anónimo dijo...

Todos vamos a entregar el correaje o la cuchara (morir en carroza), el problema no es ese. A ver……. lo interesante es como nos aproximamos al “momento”. Hay quien está toda la “vida” pensando en ella , en la enfermedades, en las cosas que nos ponen en riesgo para conocerla. Hay quien pasa del tema y se cachondea. Pero siempre está a la vuelta de la esquina (todos los días, antes de salir de casa, beso a mis seres queridos, por si acaso es la última,). Imagínate que te cae una teja …..yo preferiría..por ejemplo, que me diera un infarto después de marcar el gol de España en la final del mundial,…. o de ganar el t…r…de Francia..o de recibir el Nobel de la Paz por haber hecho que ..no sé…p.e. judíos y palestinos se hermanaran con ardor ,con los míos cerca, claro,.. ¡que maravilloso sería poder elegir como darnos el “piro”!..siempre y cuando no lo busquemos (el suicida es un puto cobarde, salvo que dé la vida por los demás)

Saludos Montgeron

Miguel dijo...

En esta sociedad, Salva, la española, tenemos mal concepto de la muerte. Es algo trágico, triste... Tenemos que aprender de otras culturas -asiaticas o la mexicana- dónde la muerte es una etapa más de la vida, nos guste o no, pero esta ahi y hay que saber aceptarla e incluso disfrutarla.

Miguel