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miércoles, febrero 10, 2010

Lo ya vivido

He tenido la oportunidad esta tarde de pasearme, como tantas veces, por Valladolid.

Es una ciudad que conozco gracias a Renault, mi empresa. Quién lo diría, una ciudad milenaria, antigua capital de España, del Gran Imperio, donde la Grandeza reluce por cualquier esquina, y que yo la conozco gracias a la multinacional francesa donde trabajo desde…siempre.

Cuando llegué esta tarde, tenía claro que había una cuenta pendiente por quitar de mi mala conciencia. El museo del Patio Herreriano. Museo de Arte Contemporáneo construido sobre el derruido Monasterio de San Benito, un edificio austero de piedra blanca, majestuoso.

A mí el arte contemporáneo me pone. A pesar de lo difícil que es sostener esa sensación.

Había varias exposiciones temporales, pero si hubo una que me impresionó fue la de Carlos León. Grandes tapices blancos ‘manchados’ de azules y carmines, con esponjas y gotas cayendo incontroladas, ensuciando el cuadrado perfecto.

A mí el arte contemporáneo me hace volar y las pinceladas gruesas de Carlos León me llevaban a pensar en lo ya vivido.

Visitaba sus salas pensando que somos títeres del existir. Todo lo que vamos descubriendo ya ha sido descubierto por nuestros antepasados, no digo los inmediatos, sino los de milenios atrás. El despertar al amor, el miedo al compromiso, la ilusión de la infancia, el querer arreglar el mundo, el descubrirnos mortales, el horror ante un amigo que nos defrauda, el dolor por un familiar que perdemos, los celos, la enfermedad, el comerse el mundo, el dejarse comer…

Viendo los grandes lienzos de Carlos León me planteaba hasta qué punto me produce tristeza, o no, saber que vivo una vida previsible.

¿Es previsible o no saber que el amor ya lo han conocido antes que yo en todas las versiones posibles?, ¿es previsible o no saber que poco a poco vas perdiendo el miedo a tus jefes?, ¿es previsible o no verte arrugas en el espejo?

Todo es previsible y, sin embargo, entiendo como un placer supremo haber tenido la posibilidad de, como individuo inintercambiable y específico, haber descubierto la vida a mi manera, a mi ritmo y con mi sensibilidad.

Ante el fatalismo de pensar que todo muere, el optimismo de saber que nosotros tenemos la enorme dicha de, con pinturas abstractas, lieders de Mahler o tablas de windsurf, apreciar la vida en su totalidad a nuestra manera.

2 comentarios:

nosequé dijo...

...y con un bocata de tortilla debajo de un pino, también se aprecia la vida y encuentro mi tiempo…. sólo mío.
Contador de sentimientos, hablas mucho de soledades.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Te siento dulcemente gótico y meláncolico, pero te favorece. Por otra parte que alegría saber de gente tan cercana, con la cual incluso puedo hablar, que no sólo conozca, sino que también admire a Carlos León.

p.d. Besos a Poncio, ó ¿era Pilatos? ¿Pilates?
Cariños de M. Dufour