sábado, octubre 29, 2016

250

Soy un convencido del carpe diem, de aceptar los retos cuando surgen y de no programar los futuros momentos felices.

Tal vez por haber padecido una adolescencia atormentada, he aprendido a ser una persona fácil.

El hecho de valorar el presente como la clave del bienestar personal me hace ser un avezado gestor del tiempo. Un lema que tengo integrado desde que me conozco es el de que hay tiempo para todo. Mucha gente, en general, se queja de lo contrario, mientras se les pasan las tardes en el sofá, bloqueados frente al televisor, o no saben qué hacer cuando llega el viernes tarde y el trabajo ya no necesita de ellos.

El disfrutar de la vida, según mi teoría, no está reñido con la organización. Hay que saber cuáles son los objetivos.

En mi caso hay dos irrenunciables: mi salud y mi carrera literaria. La primera se puede ir al garete en cualquier momento y la segunda puede no llegar nunca a explosionar, pero en mi mano está hacer lo posible por que eso no ocurra.

Cada día hago deporte, aunque sea testimonial. Hay mil ejercicios sanos con los que ejercitarse en la alfombra de casa y un sinfín de senderos urbanos por los que correr. Me cuido porque me apasiona la vida.

En mi devenir como escritor tengo grabada una consigna: todos los días escribo al menos 250 palabras de mi próxima novela (siempre hay una próxima novela). No me privo de mis viajes, mi callejeo casi diario o los encuentros con los amigos, pero siempre busco el hueco al llegar a casa tras el trabajo para componer esas 250 palabras que me conectan a mi capacidad para contar historias y encontrar esa parte creativa en mí que me hace tanto bien explorar.

Tener unas rutinas que busquen lo mejor de ti y encontrar la constancia para desarrollarlas es también una manera, hay infinitas, de ser feliz.

2 comentarios:

Ana dijo...

Tienes toda la razón siempre hay tiempo si piensas que lo hay. Sobre todo siempre debería haberlo para las cosas importantes, aquellas que no parecen serlo.
Saludos.

Salvador Navarro dijo...

Gracias por tu comentario, Ana...

Un beso,
Salva