miércoles, marzo 02, 2016

Ejemplo

Es jodida la vejez.

Desde joven he pensado en ella como una época hermosa de paz interior en la que, siempre que la mente rule de forma correcta, los días pueden pasar cadenciosos viendo girar el mundo, tomando el tiempo para el paseo cotidiano, la lectura acumulada, la observación de los que se comen el futuro, el descanso de los músculos cansados, las charlas sin ansiedad acerca de lo divino y de lo humano.

Si no fuera por un maldito by-pass mal operado, mi padre tendría esa vejez lúcida, y plácida, que se merece un hombre que ha sido, y siempre será, una persona buena en el amplio sentido del término, como marido, como padre, como trabajador; de esos seres humanos que dan sentido a la existencia por su capacidad para vivir la vida con coherencia, humor y generosidad.

El azar, maldito azar cuando viene de frente, hizo que un problema cardíaco que podría haberse quedado en un susto, se eternizara por una operación mal finiquitada, robándole al Bori el derecho a unos años tranquilos de salud.

Su corazón, débil, bombea con dificultad un cuerpo que, por lo demás, nunca lo conocí enfermo y una mente en perfecto juicio, en una época en que sus cuatro hijos disfrutan de una vida asentada y feliz, cada cual en su territorio y todos en el mundo nuestro de familia que se quiere.

Hace pocos días, con apenas fuerza para respirar, estaba tendido en la consulta de urgencias para intentar que dieran con la tecla de su medicación para volver a los días felices que, de vez en cuando, retornan. La médico, buena profesional de trato distante, llamó por el altavoz al siguiente paciente tras darnos las instrucciones precisas.

Apresurado, sin apenas fuerzas, trató de vestirse aprisa y corriendo.

-Tranquilo, papá. Ya te visto yo.

-Venga, Borete, que hay gente esperando....

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