sábado, octubre 17, 2015

Humanidad

Se da por supuesta en todos nosotros esa en teoría inherente cualidad del ser humano, pero no todos podemos distinguirnos por tenerla como estandarte.


Una película reciente de ciencia ficción, género del que me confieso adicto en coherencia con mi espíritu soñador, mostraba a una sociedad futura en la que cada individuo debía elegir al llegar a la mayoría de edad, y de por vida, pertenecer a una de cuatro posibles secciones:la científica, la política, la policial y la humanitaria, creo recordar. A pesar del reduccionismo cinematográfico, sí que es cierto que todos nacemos con tendencia a tomar un rol cara a la sociedad.


Es dentro de ese reparto de funciones sin duda el humanitario el que más admiro, y envidio.


Hace un año mi padre pasó una muy mala racha de salud que afortunadamente ya está lejana. Los cuatro hermanos andábamos asustados viendo la debilidad de un hombre que lo es todo para nosotros.


Fue en ese período cuando mi hermana Mónica tomó el mando. Pasaba las noches sin dormir atenta a cada ataque de tos de mi padre, lo incorporaba cuando se le hacía difícil respirar, le organizaba las pastillas. Le reñía al tiempo que le preguntaba a cada momento cómo se encontraba.


Siempre ha sido así. Pasar por un mal trago, sea o no de salud, es menos malo cuando sabes que tienes a alguien incondicional a tu lado, como Mónica, que te cuida.


No tiene precio tener al lado gente humana sin artificios, que se preocupa por ti sin premisas, enseñándote en cada gesto el sentido real de nuestra existencia, en una lección serena de bondad.

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