sábado, junio 13, 2015

Carcajadas

Son mucho más numerosos los días en que no ocurren cosas transcendentales en nuestras vidas que aquéllos que nos quedan para siempre en el recuerdo; aun así es necesario que nos llegue algún notición de aúpa para apreciar sin remilgos nuestra cotidianidad como un bálsamo de bienestar que no queremos perder.

Yo soy de buscar los momentos de emoción. Mi amigo Guillaume, en nuestras citas habituales en París, suele decirme que arrastro siempre muchas noticias que contar. Mi querida Mariángeles onubense no deja de sorprenderse con la cantidad de gente que tengo capacidad de ir integrando en mi vida. Fran me dice que estoy constantemente con la caña de pescar preparada. Esa sensación del 'mundo se me va' que tantas alegrías me da a pesar de la adicción que provoca esperar siempre más de la vida, de los otros, del futuro es un modo de vida al que no quiero renunciar. 

Esta semana he recibido un mensaje demoledor de una persona a la que quiero con toda mi alma. La enfermedad se ceba sobre ella para poner en peligro sus carcajadas y ha tenido que contarle a su niña que en veinte días se quedará calva… 

Aprecio entonces con más fuerza aún la grandeza de la vida, saber que he tenido la suerte de cruzarme con ella y haber andado mucho camino juntos, para así tomar el impulso necesario para aportarle todo mi amor y decirle 'no estás sola, aun nos queda mucho por construir, volverán los maravillosos días en los que no pasa nada'.

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