miércoles, abril 08, 2015

Intenciones

Perderse una mañana soleada en el Museo de Arte Contemporáneo al aire libre de Montenmedio, entre Barbate y Vejer, es una de las mejores recomendaciones que se le pueden hacer a un buen amigo; aun más, acompañarlo a perderse por sus senderos para compartir sensaciones al enfrentarse con obras enormes integradas en terreno boscoso, amablemente provocadoras y disfrutar con sus reacciones es una apuesta ganadora.

Eso hicimos el pasado domingo con Nuria. Sin prisas, con la plenitud que da el saberse con tiempo para caminar, conversar y abrir los pulmones mientras zigzagueábamos entre champiñones amarillos que nos iban marcando el camino a seguir.

Ya hambrientos, decidimos almorzar allí mismo, en el edificio central de aquel complejo hípico, lúdico, hostelero y bien cuidado que conforma la enorme finca. Dudamos si quedarnos al ver el restaurante vacío, pero quien parecía un camarero avispado nos quitó la duda al entregarnos la carta con una sonrisa y preguntarnos por la bebida.

Tras abrirnos las cristaleras hacia el patio para recibir el fresco del mediodía, ese mismo joven nos transmitió su entusiasmo cuando narró cómo ese espacio, por el que habían pasado varios restauradores, había acabado en sus manos tras un último intento fallido de la empresa por reconvertirlo en japonés. 

'Ahora soy yo el encargado' -nos dijo, humilde, con indisimulado orgullo.

Nos habló de las futuras noches de verano con la piscina abierta para los clientes, sus ganas de incorporar productos de la tierra, especialmente el atún, a la carta de su cocina y lo hacía con tanta ilusión en la mirada que nos hizo meterlo en nuestra conversación de sobremesa para alabar la fuerza que transmite una persona emprendedora.

Los platos, sin embargo, llegaron tan tarde, y la pierna de cordero de Nuria tan quemada, que la alabanza tornó en ganas, tremendas, de siesta y bostezos varios.

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