domingo, febrero 15, 2015

Berenjenas

No sé si es un proceso natural asociado a los cuarenta, la preocupación por la salud, el peso y la prevención, o tiene que ver con una sociedad cada vez más orientada al culto al cuerpo; el caso es que lo que antes para mí pasaba de largo ahora viene a engrosar el capítulo de mis inquietudes.

Cierto es que no volverán las tardes de palmeras de chocolate, como también lo es que el cuerpo ya no absorbe con facilidad una noche de alcohol, ni es sencillo eliminar los kilos de más tras una semana de fiestas; del mismo modo que es innegable que hay que hacer un esfuerzo en positivo, y sostenido, para no dejarse ir en una cuesta abajo física que acabe tirando de la autoestima, la salud mental y el bienestar general.

Dicen que la edad no la dan los años, sino los kilos. A esa frase me agarro para cuidarme, hacer ejercicio, con esfuerzo y diversificado, comer lo justo para combinar los placeres del buen yantar y el de poder mirarme al espejo de frente, beber alcohol sin pasarme e incluir hábitos rutinarios que no me lleven a la obsesión ni debiliten mi vida social.

Durante años defendí la teoría de hacer deporte para poder beber cerveza sin remordimientos, pero el paso del tiempo va haciendo preciso detallar más la propuesta y convertirla en algo menos ingenuo, porque le ves las orejas al lobo y no estás dispuesto a vivir con determinadas hipotecas antes de tiempo.

Ocurre, sin embargo, que el bombardeo de informaciones acerca de lo que es o no recomendable para vivir sano no termina de ser matemático. Tan pronto oyes que la leche es imprescindible como cancerígena, que comer proteínas por la noche es necesario como perjudicial, que el pescado se debe comer diariamente o que no lo comas porque trae mercurio, que una copa de vino al día es sana o que no se te pase por la cabeza tener hábitos así… De forma que vas construyendo tu propia medicina vital a base de lo que tu propio cuerpo va encontrando saludable, sin certezas de nada.

Los que somos disciplinados necesitamos consignas claras (aunque sean mentira), como aquélla que compartía Sofía Loren cuando le preguntaban hace poco por el secreto de su belleza a su edad:

-Desentiéndete de todos los consejos que te den, porque sólo hay uno: 'No comas berenjenas por las noches'.


3 comentarios:

María dijo...

Pues vives en una ciudad, Salvador, muy poco recomendable para hacer dieta. Este fin de semana he estado en Sevilla, después de bastante tiempo, y lo único que puedo decir es que volveré pronto para seguir la ruta de los bares de tapas. Preciosa ciudad en la que, además, se come muy bien, no apta para los que tengan "problemillas" de báscula. Yo, de momento, pienso volver a Casablanca, frente a la catedral, me lo recomendaron y nos gustó mucho, también el local. Por cierto, entre otras, probé una tapa de berenjena, a la que dudo se hubiese podido resistir la propia Sofía Loren, aunque fuese por la noche!

Salvador Navarro dijo...

Avísame para la próxima!

María dijo...

Gracias, Salvador, lo tendré en cuenta! Lo mismo te digo si vienes por Málaga.