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lunes, febrero 09, 2015

Achicarse

Sin venir a cuento un día tu mente no asimila un comentario desafortunado de alguien que te quiere y comienzan a desarticularse defensas que no sabías que existiesen en ti para hacerte ser quien eres; entonces uno pone en duda lo que es, y lo que quiere, sin contener como otras veces los pensamientos sombríos que, como olas persistentes inofensivas, golpean en la orilla de tus debilidades.

Hay momentos en que un mal gesto te coge desprevenido, períodos en que la enfermedad en otro, la muerte de alguien cercano, un encuentro deslavazado te hacen torcer el rumbo; una pérdida de pie que solía ser momentánea y se hace más larga de la cuenta, que te hace dudar de tus pulmones, que te asusta y empequeñece.

Las personas fuertes solemos andar de pie, sin asideros, diciendo a todo que sí, mirando lejos, tan lejos que a veces no vemos la piedra que está justo debajo, imprevisible, que nos hace caer de un tropezón. Caídas que, según te cojan, te meten el canguelo en el cuerpo, y empiezas a mirar bajo, buscando la próxima roca, olisqueando trampas futuras, olvidando los días luminosos en que el horizonte era alcanzable, obligándote a construir de nuevo tus propias verdades para volver a aprender a vivir sin miedo.


1 comentario:

Reyes dijo...

Pues ya te digo que es una suerte que lo del miedo sea sólo de vez en cuando...
Abrazos.