viernes, febrero 07, 2014

Manía

Aunque uno sabe que es de poco inteligente, a veces resulta imposible no sentir repulsión ante una carcajada falsa, un tono de voz agudo, una expresión repetitiva determinada o, incluso, unos hábitos específicos cuando de personas concretas se trata.

Admiro, por tanto, a quien tiene la capacidad de no alimentar pensamientos miserables y obvia la presencia en su mundo cercano de gente que le resultaría, de prestar atención a ella, desagradable.

Sé que con el tiempo es una sensación que consigo controlar y que en ningún caso pierdo un minuto de sueño por el tema, pero sí, hay gente a la que le tengo tirria, que me desagrada, que sólo con oírla hablar a pocos metros de distancia me repele.

No creo que se coja manía de buenas a primeras. Suele haber un motivo primero que justifica el daño, algún comentario agresivo o una pequeña traición que provoca el reproche instintivo ante su presencia. De hecho, cuando pienso en esas escasas personas que me mosquean, suelo encontrar la causa de por qué un día comenzaron a resultarme desagradables ciertas nimiedades. El problema más complejo de atacar es cuando no sabes identificar el porqué original de esa repulsa.

Lo que sé, definitivamente, es que es de tontos perder un minuto reflexionando sobre aquéllos que no te aportan nada. Y, como no me considero tonto, escribo esto como conjura para aprender a ser menos talibán y cultivar el sabio arte de ponerme filtros que me protejan de esas carcajadas falsas, voces impostadas, chistes arcaicos, comentarios casposos, miradas perdonavidas, levantamientos de cejas varios, tocamientos de nariz, frases rimbombantes, consejos no pedidos, malos humores perennes y recolocación de genitales continuos de gente muy concreta con la que me cruzo a diario.

Porque si alguien leyera mi cerebro podría pensar que soy excesivamente simple, susceptible, egocéntrico y rencoroso... Y no lo soy (tanto).

2 comentarios:

Reyes dijo...

Trabajar (porque no eliges el sitio,normalmente) conlleva tener que convivir con gestos y voces profundamente repugnantes.
...
No sé qué más puedo añadir.
Besos.

María dijo...

Un amigo mío las llama "personas tóxicas". Lo mejor, ignorarlas, pero a veces te las tienes que "tragar". Yo intento borrarlas de mi entorno personal y reducir mi relación con ellas al ámbito puramente profesional y de la forma más aséptica posible, es lo más sano, junto con la fruta y la verdura, jajaja.