miércoles, febrero 26, 2014

1000 años

No sé por qué, pero en este día intenso, uno más, me he sentido muy afectado por la muerte de una persona brillante, como tantas otras, de la que siempre he sabido desde que nací.

No soy amante del flamenco pero, en la escasa hora que he tenido para mí a solas en casa antes de acudir a una cena de trabajo, he vagabundeado por internet buscando saber acerca de Paco de Lucía, mientras hacía sonar 'Entre dos aguas' en un viejo vídeo de Youtube.

Un hombre aún joven que siente que el corazón le falla jugando con sus nietos en una playa de México... Humilde, aparentemente seco, brillante, Paco de Lucía es de esas personas que entra de calladito en nuestro corazón andaluz para profundizar sin grandes alharacas en el orgullo propio de un pueblo que sabe, que debe saber, que somos capaces de hacer las cosas bien.

Me paseé por las páginas de periódicos americanos, franceses e ingleses para confirmar que hablamos de un tipo universal que sedujo a generaciones de melómanos sin soflamas, desde una silla de madera y con el único arma de una guitarra.

Releyendo mensajes en un periódico inglés di con uno que decía 'pasarán cien guerras y mil años, que aún así, cuando a alguien llegue un soplo de su música sentirá una emoción indescriptible'.

Pasarán mil años, habrá cien guerras. Y alguien aún imposible de imaginar compartirá conmigo, polvo del universo por entonces, la emoción que la sensibilidad musical de un tipo de Algeciras, serio y humilde, andaluz universal, coherente, enorme, quiso crear para nosotros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Grande, enorme son los adjetivos con los que podríamos calificar a Paco de Lucía. Los entendidos en flamenco no dudan en asegurar que pasarán muchos años hasta que aparezca una figura tan grande como la de él.

Yo, al igual que tú, en el día de su muerte también me dediqué a buscar información sobre Paco y aunque sabía que era un artista internacional de gran reconocimiento, ignoraba tanta repercusión en los periódicos más importantes del mundo.

Se me heló el corazón al enterarme de la noticia.
La muerte es así, no entiende de ricos o pobres, famosos o no famosos, culturas, razas o países. Todos somos iguales, es lo más democrático que existe. Lo importante es el legado que nos deja. Eso sí que es inmortal, lo demás es simple y perecedero.

Un saludo, Manuel