sábado, diciembre 14, 2013

Endivias

Hace ya casi diez años desde que comencé a preparar mis maletas de vuelta desde París para reencontrarme de nuevo con mi ciudad.

Como suele ocurrir a menudo, uno se acuerda en más ocasiones de la gente querida de las veces que lo manifiesta, incluso a sabiendas del bien que nos hace a los humanos sentir que estamos en el corazón de los demás.

Llevaba mucho tiempo acordándome de Brigitte, quien atraviesa una época laboral y personal difícil.

La contacté a través de la mensajería de Renault para preguntarle cómo le iban las cosas. Me dio todo tipo de detalles acerca de su situación actual, que no vienen al caso, pero por primera vez se refirió a sí misma como una 'anciana de 68 años'. Tal vez porque ese día nos dio por hablar en español y ella no comprendió todo el peso de la palabra.

Fue entonces cuándo le confesé cómo echaba de menos esos mediodías de trabajo, en su casa, caótica como ella, los kirs de vino blanco y cerezas acompañando a las impresionantes ensaladas de endivias, nueces y manzanas, el tinto de luego, los cocidos franceses, los recuerdos entremezclados de fotos crudas de su padre, de sus días de juventud en un Londres en blanco y negro, su tristeza por la relación cortada por su hija o su risa tonta hablando de sus amantes.

¡Cómo cocinaba pasteles Brigitte!

¡Cuánto me he reído con ella!

Brigitte me confesó que añoraba esos tiempos heureux en que los dos nos refugiábamos durante largos mediodías espléndidos a conversar sobre el ser humano, la política, la familia y la vida.

¡Qué hermoso y duro es el recuerdo de los tiempos felices que se saben por siempre acabados!


1 comentario:

María dijo...


Sí, es duro reconocer que esos momentos no volverán pero, al mismo tiempo, son los que conservas como un tesoro porque te han enseñado a valorar a las personas que realmente te han hecho feliz y sabes que siempre estarán ahí y que tú estarás para ellas. Amistad.....pero esta con mayúscula.