viernes, octubre 04, 2013

Juventud

Salía el viernes del trabajo, llenaba el depósito del coche con la cabeza puesta en escapar de la ciudad. Fue al pagar en la gasolinera cuando bajé a la tierra:

-¿Estudiaste en el Claret?

El dependiente, con su uniforme verde, pelo cano, barriga prominente y gafas de mucho aumento tomaba mi DNI como si tratase de confirmar leyendo mi nombre que yo era la persona que estudió en ese colegio. Le dije que sí.

-Sí, estaba seguro al verte. Tú eras de los mayores…

De los mayores… No sólo tenía que asumir que estaba viendo frente a mí a alguien de mi generación, sino que además yo era aún mayor que él. Su cara no me sonaba, pero eso no es algo extraño en una persona que vive en mundos paralelos, como yo.

-¿De los mayores?

-Sí. Del curso anterior al mío. 

Al menos no estaba en parvulario cuando yo hacía COU. 

Me metí en el coche camino de mi fin de semana playero pensando en el espejo que acababa de plantarme el azar de sopetón.

El cuerpo, sin embargo, se fue amoldando a la escena, pensando en lo bien que estoy heredando las virtudes de mi padre, al que las viejas le reprochan en el autobús que se levante para cederles el asiento.

-¡Pero si usted es mucho mayor! –protestan, presumidas, entre risas.

1 comentario:

Las Cosas dijo...

Te soy sincero, me has dejado pillado al final... ¿?