lunes, junio 03, 2013

Disfrute

Puede resultar odiosa, o impecable, mi siguiente reflexión para quienes están en paro o padecen un trabajo mal remunerado, tedioso o degradante, que haberlos los hay, y no pocos.

Es una base de comportamiento para mí, afortunado de tener un trabajo creativo, reconocido y bien remunerado, considerar a éste como una herramienta de disfrute.

Más que nada por pura inteligencia emocional, ya que si echo tantas horas en mi fábrica estaría creando a una persona amargada si viese mi empleo como una prisión, pero por encima de todo por una cuestión de salud mental: No encontrar los artificios, claves o trucos para hacer de mis tareas diarias una actividad atractiva sería limitar mi crecimiento como persona.

En casi cualquier trabajo hay interacción con otros compañeros, dinámicas en equipo y objetivos que cumplir, siempre que la empresa o el servicio público tenga unos mínimos de robustez. Esas reglas básicas forman una base sólida para construir un día a día en el que poner a prueba tu capacidad de evolución, de conexión con el resto y de pequeñas victorias parciales. Plantearse solucionar para siempre un tema cada día es un estímulo perfecto.

Hacer bien mi faena, además, implica construir una sociedad más fuerte. Así de simple. Si el negocio para el que trabajo funciona, yo soy más libre desde el momento en que mi futuro personal está más despejado y, con él, el de la colectividad en la que me muevo. No entender que mi colaboración con mi empresa es importante es un fallo de base. Los equipos no son nada sin cada uno de sus componentes.

Para conseguir todo esto, implicación, trabajo en equipo y crecimiento personal, no hay mejor arma que el humor. La clave de una persona productiva en su trabajo está ahí, en el espíritu alegre a la hora de emprender las tareas.

Se puede entender un cabreo gordo a nivel laboral por una y mil causas, pero yo desconfío de aquél que se coloca la careta de mal humor como armadura para el trabajo.

Se es mucho más efectivo cuando uno da la importancia justa a las cosas, no se dramatiza cada error y se tiene el espíritu abierto para aprender del que lo hace bien.

Los mejores compañeros que he tenido en mi carrera profesional han sido, siempre y sin excepción, gente con un amplio sentido del humor.

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