sábado, junio 22, 2013

Lección

Hace años me embarqué en un proyecto cuya luz está tardando mucho más de lo previsto en verse.

Impliqué a mucha gente utilizando mi credibilidad como persona, comprometí fechas confiando en mi capacidad resolutiva y adelanté resultados movido por la hermosura de la obra que estábamos construyendo.

Las personas, sin embargo, a veces te sorprenden con fuerza, y no supe calibrarlo hasta estar metido hasta la colcha en compromisos incumplidos cuya dimensión no supe calibrar.

Estos años, en todo lo que a este proceso se refiere, están poniendo a prueba mi capacidad de manejar una situación compleja en la que tengo que proteger, por encima de todo, la buena conclusión de esta aventura para no defraudar a todos los que creyeron en ella, invirtieron, curraron gratis o se implicaron de forma altruista, con lo que implica todo ello de tener que tragar sapos ajenos.

Saber ponderar el equilibrio para no descarrilar esta empresa aun poniendo en juego mi credibilidad, capacidad resolutiva y pasión por la creación.

Mis más sinceras disculpas, desde el fondo de mi corazón, a todos aquéllos que creyeron en mí y se sienten defraudados. Mi silencio, sin embargo, es la única forma, dolorosa, que encuentro para conseguir que ese impactante proyecto al que un día dimos salida llegue a ser un éxito descomunal.

Es una lección de vida, para mí, el enfrentarme a una situación tan incómoda y hacerlo desde dentro, sin poder hacer cambiar el rumbo por ser esclavo de otros navegantes que no me permiten tomar el timón en aguas que me son, necesariamente, desconocidas.

Mi agradecimiento será eterno hacia aquéllos que supieron creer en mí.

No les defraudaré.

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