sábado, junio 08, 2013

Tapas

En los tres años que estuve trabajando en Francia tuve la suerte de encontrar a Brigitte, asistente personal del que fuese mi jefe.

Cuando éste se fue, al poco tiempo de llegar yo, le dijo a Brigitte que me cuidara como si fuese su hijo, y doy fe que así lo hizo, siempre atenta, cariñosa y servicial.

Desde que, a las pocas semanas de yo llegar, nos cruzamos en un restaurante cercano al trabajo, escaqueándonos de la comida de rancho de la empresa, decidimos comer todos los mediodías juntos, bien en el Terminus, ¡ensalada de nueces y entrecotte!, bien en su casa, ¡esa ensalada de endivias y el kir de cerezas!, en mediodías inolvidables en que me fue presentando a su familia, sus vecinos, sus amigos...

Fue, sin embargo, la única aliada que conseguí en esos tiempos en el trabajo, y me considero un ser bastante social, dispuesto siempre a conocer gente, a dejarme aconsejar. Pero no, ni una triste cerveza a la salida del trabajo.

Con el tiempo, me ofrecieron la vuelta a Sevilla para colaborar en el arranque de un nuevo proyecto. Muchos de los compañeros que tuve en Francia fueron viniendo a mi ciudad para desarrollar tareas asociadas a esas nuevas líneas de producción.

Recuerdo, en esa época de mudanza y reasentamiento en mi casa, entre los míos, volviendo a la sana costumbre de mis cervezas liberadoras, las charlas de café y la vida fácil que caracteriza a mi tierra, recuerdo, digo, la llegada de estos compañeros a Sevilla.

Bueno, Salva, ¿y dónde nos vas a llevar de tapas?

¿De tapas? 

Llevaban años sentándose a mi lado, sabiendo que vivía solo en París y en ningún momento se les ocurrió ni siquiera preguntarme si necesitaba algo, si me iba bien, si me apetecía una cerveza.

Afortunadamente supe encontrar la vía para establecer relaciones sanas de amistad con gente encantadora en París, fuera del curro, que aún mantengo y mantendré.

¿Tapas? Yo no salgo entre semana.




6 comentarios:

Las Cosas dijo...

Q fuerte

Anónimo dijo...

Muy ilustrativo Salvador. Yo, especialmente no le tengo mucha simpatía ni a franceses ni a ingleses. Nuestros enemigos históricos más acérrimos. Siempre que tienen oportunidad nos pisan la cabeza para que no nos levantemos. ¿No nos acordamos la mofa en periódicos deportivos hacia nuestros laureados deportistas españoles? Pura envidia. Sí, muy educados pero muy H.P. cuando pueden. Y, ¿qué decir de ese sentimiento de superioridad que tienen hacia nosotros? Conozco uno que trabaja desde hace muchos años en el sur de Francia y después de todo, los franceses son como los españoles pero haciéndose los finos...Pero claro excelentes personas los hay en todos los sitios, p.e Brigitte.

Un saludo, Manuel

Anónimo dijo...

Y ahora final española en Paris....

Anónimo dijo...

El comentario de Manuel parece sacado de un manual franquista: nuestros enemigos tradicionales, los franceses y los ingleses.¡Toma ya!Más simple imposible.
Doy fe que en Francia hay muchas Brigitte y que en esta ciudad tan abierta ,los hipócritas, falsos amigos, frescos y mal educados son legión.
ANTÍPODAS.

weiss dijo...

Curiosa tu experiencia, Salva. Yo debí de ser muy, pero que muy afortunado cuando vivía en Alemania. Sé que los clichés, aun crueles, tienen una fuente de inspiración objetiva. No por capricho se dice que los unos son serios, los otros arrogantes, los de allá perezosos y los de acá indolentes... pero mi experiencia fue sumamente satisfactoria. Jamás me crucé con nadie que me mirase por encima del hombro; muy al contrario, mostraban un respeto hacia mí que aquí nunca he encontrado (me hablaban de "Licenciado en Económicas Don Ernesto Fernández"; algunos de mis contactos alemanes aún lo siguen haciendo). Todos habían visitado España (Málaga, Alicante, Mallorca, Tenerife...), o tenían un hermano, un tío o una abuela jubilada residiendo en la costa española. Adoraban la cocina, el clima, la historia, el arte y (también un tópico) la alegría innata de los españoles. Y mira tú por donde, nos consideraban gente muy honrada, fiable y trabajadora (sé que los compatriotas emigrantes de los años 60 y 70 tiraron de picaresca según le viniera en falta, pero al parecer no dejaron mala huella; si al turco, en efecto, se lo mira hoy con cierto recelo, al español se le tiene un afecto muy especial). No sé si la cosa habrá cambiado mucho en los diez años que hace ya que regresé, y estoy seguro de que no faltan legiones de alemanes poco amistosos, con prejuicios, mentes estrechas o simples malas maneras. Pero debí de ser muy afortunado, pues ya te digo, nunca me crucé con nadie que por mi nacionalidad me mirase con un mínimo de suspicacia, sino justo lo contrario.

Anónimo dijo...

Para Antípodas. Me parece que tu comentario es un tanto ofensivo hacia mi persona al clasificarlo de franquista y ¿simple? ¿No es objetivo? ¿Acaso no han sido enemigos históricos de España? ¿Qué hay de malo en decirlo y reconocerlo? Claro pero aquí en este país hay mucho salvapatrias de boquilla pero que se avergüenza de nuestra bandera y sin embargo van con la bandera de la Union Jack con mucho orgullo. Menudos patriotas...
¿Acaso no te fijaste en el comentario cuando digo que excelentes personas las hay en todos los sitios? Claro hipócritas, falsos y maleducados los hay en todas partes del mundo.
Me reafirmo en mi comentario, los franceses en general son envidiosos de los éxitos de los españoles.