jueves, julio 01, 2010

Alemán

Me produce una gran satisfacción personal explicar, cuando alguien se interesa acerca de mi dominio del francés, que aprendí el idioma de Molière a través de Planeta Agostini.

96 fascículos semanales que yo estuve comprando con mis ahorros de adolescente durante dos años. Venían con su cassette.

Écoutez - Répétez - Écoutez - Répétez...

Yo escuchaba encerrado en mi habitación y repetía las veces que hiciera falta. Con lápiz y goma hacía todos los ejercicios, corrigiendo continuamente los mismos errores.

Mi trabajo y, sobre todo, mis 3 años en Francia me hicieron afinar una lengua de la que sólo sabía lo que mis lecciones de kiosco de prensa me enseñaban.

Animado por mi éxito y mi fuerza de voluntad me dispuse a comprar los 96 fascículos de alemán.

No tuve, en este caso, la constancia para bajar 96 semanas a por el ejemplar correspondiente, quizás por entonces empezaba a descubrir el mundo y mi escaso dinero prefería gastarlo en copas los fines de semana. Cualquier cosa que diga será, en cualquier caso, producto de mi invención.

Aún así, a través de mi amigo Pepe, conseguí dar con alguien que vendía esas 96 lecciones ya encuadernadas en grandes tomos. Hice un trueque (no recuerdo tampoco a cambio de qué) y me hice con el curso completo de alemán.

Lo empecé varias veces y en distintas épocas. Pero no pasaba del 'wie gehts dir?'.

He utilizado esos tomos de pie para reforzar las patas de mi cama, han viajado conmigo a París, los he colocado en todas las estanterías que he tenido en mi casa familiar y en mi vida adulta independiente.

Tantos años después de hacerme con el primer episodio de ese curso, hace no mucho, decidí que no.

Renunciar a proyectos no es sentirse menos vivo, sino comprender la verdadera naturaleza del vivir. Comprender que toda una vida no da para leer toda la literatura universal y que, con el paso de los años, hay que priorizar no es una derrota.

Ahora sé que no tengo el tiempo ni la ilusión de aprender alemán. Sé, sin embargo, apreciar la relectura de una novela sin angustiarme por pensar que eso me impedirá leer otras desconocidas. Sé que no viviré mil vidas ni integraré a más de cinco personas importantes en mi círculo más íntimo.

Pero, a estas alturas de mi vida, no me causa desazón.

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