viernes, julio 30, 2010

Al acecho

Cuando estamos de vacaciones, venimos de períodos tan marcados por el dominio de la rigidez del tiempo que nuestro cuerpo parece querer someterse a normas que le lleven a rutinas nuevas, tratando de sortear cobarde la libertad de no tener que acoplarse a ritmos contados en minutos.

A Conil me he traído ganas de estar con mi pareja, libros por leer, tiempo para correr por la playa y pasearla, para tirarme al mediodía, sed de cervezas y gintónics con pepino, horas para jugar con Iván, folios en blanco para escribir, monedas para comprar periódicos, ratos con mi padre y charlas con Marian en La Sal, amigos por recibir en nuestro pequeño apartamento siempre dispuesto.

Sin embargo, acecha el ansia de no desaprovechar el tiempo. Ataca sin piedad cuando te levantas tarde, o al pasar toda una mañana en casa, o si las novelas que te has traído no avanzan, o no te gustan, o algún día no te apetece correr.

Sorteo con relativo éxito ese remordimiento escondido, dañino, medíocre que trata de condicionar mínimamente este tiempo merecido de no hacer nada que no apetezca. Ataca, eso sí, con argumentos bien construidos: todo el año currando para esto, tienes que disfrutarlo, el tiempo es limitado, aprovecha, no te duermas, no llegues tarde, sigue leyendo, llama a Cristina, llama a David, no dejes de ver cine, ni de visitar Tánger, ni de hacerte una paella a la semana...

Es un placer salir casi indemne de esa lucha y entender que la norma en estos días es no tener reglas.

Liberar pulmones y respirar.

6 comentarios:

el señorito andaluz dijo...

Es lo mejor, no tener reglas en las vacaciones pues basta con mirar por la ventana y ver el mar en Conil para sentir que ya han merecido la pena. Yo vengo inundado después de unas vacaciones estupendas, pero la sensación de haber dejado cosas por hacer me alegra, es una excusa para volver a Barcelona...

Haideé Iglesias dijo...

Cuando uno vive en la ausencia de tiempo vive cada instante de la vida como si fuera la primera vez, tanto en el trabajo, como en las vacaciones, pues todos son un instante más a disfrutar. Así lo entiendo yo, al menos :)
Si pienso mucho que es lo que tengo que hacer, aún si es no marcarme reglas, ya he perdido un hermoso momento para disfrutar :)

¿Qué te parece poder sentir que todo es nuevo? Como los niños, que todo para ellos es una novedad...

Anónimo dijo...

Slow down, nene. Un abrazo.

ANTÍPODAS (en Islantilla)

Anónimo dijo...

A lo mejor es que disfutas con tanto apremio hasta para descansar...Nada, mientras hagas lo que quieras y te siente bien. ¡Claro que ahora se lleva mucho eso de no programar! Pero no a todos nos va lo mismo, si la inactividad absoluta estresa mejor acelerar. A cada uno lo que le convenga, sin remordimientos por hacer o dejar de hacer ¿no?
Muchas gracias (ya sabes porqué)
M. Dufour

Anónimo dijo...

El secreto para disfrutar del tiempo libre no sólo está en hacer lo que nos apetezca, sino en hacerlo sin preguntarnos porqué lo hacemos.

Tengo iniciada la lectura de una gran novela de Thomas Mann, sin embargo durante mi estancia en Londres ni la he tocado, sencillamente no me apetece. El cuerpo me pide disfrutar de esta maravillosa ciudad, de su gran oferta cultural, museos, teatros, cines, variedad gastronómica, edificios históricos, parques con vida propia... Y por supuesto de Angie, de la que cada día estoy más enamorado.

Propuesta para comer:
Si durante una estancia en Londres quieres disfrutar de la cocina marroquí con un ambiente propio de Casablanca, una decoración marroco-moderna, sibarita y un servicio muy correcto y educado, tipo francés, no te arrepentirás de visitar el “Couscous Darna” en South Kensington (www.couscousdarna.co.uk)

Un abrazo
Rivo

Salvador Navarro dijo...

Me alegro, Rivo, que la vida te sonría tan de lleno... Disfrútala