viernes, junio 25, 2010

Claret

Nací en una familia de clase media, éramos cuatro hermanos y nos matricularon desde parvulario en colegios religiosos, de curas, el Claret, David y yo, y de monjas, las Irlandesas, Mónica y Raquel.

En todo ello influirían dos hechos, la cercanía de los 'coles' a nuestro barrio y la religiosidad de mi madre.

En cualquier caso significaba por entonces un importante desembolso económico. Cuando llegué al Bachillerato mis padres me propusieron ir a un Instituto Público, que además era conocido por su calidad educativa, el Herrera. Yo me negué en redondo. En el Claret tenía a mis amigos del alma y suponía un drama dejarlo todo y empezar de cero, en esa época de la vida en que todo se magnifica.

El caso es que poco a poco me daba cuenta que mi mentalidad no casaba con unos compañeros que venían de familias muy de derechas, pronto decidí que no creía en Dios y mi mundo futuro no podía ser ése.

El paso del tiempo me demostró que, efectivamente, mi visión de la vida no coincide en absoluto con la que se me adoctrinó por entonces.

Recuerdo, incluso, la tristeza con la que muchos vivieron la derrota de Tejero en el famoso Golpe de Estado del 23-F.

Ahora me tengo claramente por una persona alejada de dogmas, de banderas, patrias y hermandades religiosas.

Sin embargo, hace algo más de un mes recibí un correo de la que fue mi promoción del Claret. Hace la friolera de 25 años que terminamos los estudios y proponían un encuentro para volver a vernos.

Ese correo me sirvió para volver a contactar con antiguos 'compas' de los que sí guardaba buen recuerdo: Jose, ahora médico en Badajoz, Gonzalo, arquitecto, Enrique, trabajando en una compañía de seguros y con dos niños, Francis, con el que quedé en tomarme una cerveza en unos días y que me contará si terminó definitivamente su carrera de abogado.

Tuve claro desde el principio que no iba a ir, pero eso no impedía un remover de tripas imaginando esa escena de verlos tanto tiempo después.

El encuentro, por lo que sé, fue un éxito rotundo. Yo no estuve.

Sé que los años no tienen vuelta atrás, que nadie arrancará mis años de infancia y adolescencia en el Claret, que ni siquiera quiero que lo hagan, porque esa experiencia conforma lo que hoy soy.

Me emociono en la distancia viendo fotos colgadas en redes sociales de esos niños que fuimos en épocas que, por encima de todo, fueron dulces.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, son muchos más de los que crees, (aunque no tantos como deberían) los que como tu Salva, tenían por entonces, y tienen ahora, diferentes visiones de la vida, no estamos tan uniformados como la foto-fija parece señalar, o algunos quieren y desean creer, por algo este País a avanzado socialmente, y se ha modernizado desde entonces…

En realidad para mí 25 años, son muchos años, y los recuerdo muy lejanos y con sabor a adolescencia mezclada de inmadurez, he conservado los buenos recuerdos, y hace tiempo que olvidé los malos…
Lo curioso y relativo de la vida, es que para mí llegar a Claret, supuso una bocanada de aire fresco, viniendo como venía de un Colegio del Opus.
Claret con profesores socialistas,(rojos les decían), que te llevaban al Teatro, y no a cualquier Obra, alguna con desnudos integrales…jajaja, y Curas como “ El chucho”, que enseñaban filosofía, e historia de las religiones, con una mentalidad muy abierta, o profesores de Historia de marcada tendencia izquierdista…, o al profesora de Inglés que nos ponía música de SuperTramp en clase para escucharla y traducirla….., siempre me resultó un Colegio bastante abierto para la época.
Y el encuentro fue entrañable, para recordar anécdotas y aventuras, aunque es verdad que hay algun@s por los que no pasan los años, y no me refiero al aspecto físico…jajaja.

Un abrazo. GonzaoRS

Anónimo dijo...

Es increíble lo marcada que se nos queda esta etapa de nuestras vidas.

En mi caso mis padres decidieron que hiciera los estudios en colegios laicos y bilingues.Cursé la EGB entre el Liceo Francés de Valencia y las Escuelas Francesas de Sevilla.Dos instituciones a las que le debo en parte lo que soy hoy.Siguiendo el modelo educativo francés la disciplina era estrica, se premiaba el esfuerzo y el espiritu crítico de los alumnos.
Cuando tuve que cursar el BUP,me dieron libertad total, tú eliges:o Padres Blancos (en frente de casa) o el Instituto Nacional de Bachillerato " Tablada " más tarde "Carlos Haya".
Ni me lo plantée, y me fui al Tablada, me apetecía soltar el lastre de tanta disciplina.Creo que acerté de lleno.El alumnado era de procendencia muy variada: niños de Tablada, Los Remedios, Triana y de los difrentes barrios de San Juan de Aznalfarache.Tuve la suerte de tener excelentes profes, muchos de ellos catedrádicos: Clemente Medina, Aurelio Garcés,Amparo Carrera, Isabel Morillo,Arturo Azpeitia y muchos más.
Y por supuesto mis compañeros:hijos de currantes, de militares, de la burguesía sevillana, y de clase media.¡Una mezcla genial! Recuerdo a Luis Moreno,Amparo Martinez, Meli, Alfonso M. de la Santa,Mati, Enrique Álvarez, Rocío Martinez, Los hermanos Hernández Paco Pleguezuelos,Carlota Bel y tantos otros. Con vosotros viví una época dorada de mi vida...dificílmente superable.
Gracias a mis profesores, a mis compañeros y sobre todo a mis padres que me educaron con plena libertad.

ANTIPODAS

Anónimo dijo...

Yo estuve en Claret desde 3º de la EGB, hasta 3º de BUP. Fue una decisión que en su momento adoptaron mis padres porque entendieron que era lo mejor para mí; sin dejarme capacidad de decisión, al margen que con esa edad tampoco tenía la madurez suficiente para cuestionarlo. De mis años en Claret guardo poco. Entonces era una persona tímida, introvertida, con complejos y, para colmo, mal estudiante. El hecho es que a medida que fui creciendo expuse mi incomodidad, por cuanto que no me sentía a gusto y, finalemente, hice COU en un Instituto Público.
No obstante, la convocatoria después de 25 años hizo aflorar mis mejores recuerdos y, aunque finalmente no fuí, propició las circunstancias que me han posibilitado contactar con alguna de las personas de las que guardo mejor recuerdo y, eso, ha merecido la pena.
Enrique N.G.

Anónimo dijo...

Yo estudié en Askartza Claret (Leioa), y también está cerca el colegio las Irlandesas, será casualidad?

La verdad es que yo siempre me sentí muy libre en mis creencias. De hecho, para que te hagas una idea, la decisión de estar presente en las misas quedaba a nuestra elección. Me parecía curioso estando en un colegio de curas. Aunque, claro, era otra época (soy de 1980)... Guardo muy buenos recuerdos de entonces.
Con respecto a la ideología, yo diría que aquí eran nacionalistas (no radicales), pero había de todo...

Me presento como nueva lectora de tu blog, Salvador. Te he descubierto hace pocas semanas y disfruto mucho de tus reflexiones.

Muchas gracias y un saludo. LV

Salvador Navarro dijo...

Muchas gracias por tu comentario, LV... y bienvenida a este espacio de reflexiones personal

Magdalena dijo...

Por lo que cuentas, creo que debemos ser más o menos de la misma quinta aunque no coincidí contigo.
Yo llegué a Claret en 1º de BUP, que era cuando las niñas podíamos entrar por aquella fecha, y por allí pasamos los cuatro hermanos. También para mis padres supuso entonces un esfuerzo económico, aunque, como éramos buenos estudiantes, los cuatro fuimos becados (recuerdo que una vez un compañero se burló de mí por eso, pero supongo que se debía a su falta de madurez: los terribles 14 años).
Ciertamente había alumnos que llevaban a gala eso de ser de Fuerza Nueva, pero la verdad es que eran los menos y seguro que gente así habría en todos lados. Pero puedo afirmar que ningún profesor me preguntó jamás por mi ideología política, por lo que creo que no cabe pensar que desde el colegio te presionaran en uno u otro sentido. Y también como GonzaloRS recuerdo a ese "profesor de Historia de marcada tendencia izquierdista..." quien, por cierto, si no sigue dando clases, al menos lo ha estado hasta hace bien poco.
Pero con lo que me quedo de Claret es con uno de los valores que creo que siempre ha transmitido: su espíritu misionero. Tampoco soy la persona más cristiana del mundo, pero creo que eso del perdón, el amor y la entrega al prójimo, al margen de que luego nos lo apliquemos o no, es de las cosas más importantes que en la vida se pueden asimilar. Y esa es una de las razones por las que mis tres hijos están hoy en día en las mismas aulas en las que hace más de 25 años me sentaba junto a Fernando, Lola o Nuria para escuchar a don Faustino declinar el rosa-rosae o a don Eduardo formular el Teorema de Pitágoras.
Por cierto, que yo sí fui, reconozco que un poco reticente aunque por motivos ajenos al colegio, a la comida de mi promoción. Y no sólo me alegró mucho ver a compañeros de los que no sabía nada desde hace tiempo, sino que lo más agradable fue ver cómo personas con las que apenas había tenido trato durante aquellos años te saludaban y recibían con un cariño que se notaba sincero.
Un saludo a todos.