lunes, febrero 16, 2009

Susana

Difícil hablar, en abierto, a gente anónima, de una persona con nombre concreto y biografía personal a la que quiero.

Hace pocas semanas Susana me escribió un correo impecable, extenso y con diferentes lecturas. En los últimos quince años nos hemos visto muy pocas veces.

En su correo desgranaba los tipos de amistades en que ella clasifica a las personas con las que ha ido compartiendo su vida. Me encuadraba, para mi alegría, en aquel sector de personas que aún sin verlas las consideras cercanas.

Alababa en su e-mail mi coherencia respecto a mi visión de la vida y las personas, en lo referente a mi actitud política o social. Criticaba, en cambio, mi parcialidad excesiva y mi dificultad, a su entender, para ponerme en la piel de aquéllos que viven otras vidas, otros modelos de familia, más clásicos (y más ‘bendecidos’ por la sociedad, agrego yo). En su correo no me pedía nada, no me ofrecía nada, no había citas futuras ni confesiones íntimas, no me hablaba de sus hijos ni de su marido, ni de su situación laboral ni de su día a día.

A Susana la conocí en la época del bachillerato, como novia de un buen amigo. Pertenece al selecto grupo de las personas que no te dejan indiferentes, que suelen coincidir con aquéllas que son sensibles, buenas conversadoras (tanto en el hablar como en el escuchar) y generosas.

Asistí a su boda, seguí con cierta cercanía los primeros pasos de su niña (que el otro día vi ya casi más grande que ella) y nos fuimos alejando poco a poco.

Los dos sabemos que la vida toma esas direcciones, como autopistas que más o menos van trazando nuestro recorrido y de las que a veces nos resulta difícil escapar. Hubo un momento en que la suya le llevó al este y a mí al oeste.

Alejados tantos miles de kilómetros de distancia, Susana me escribió un e-mail desde mi misma Sevilla, una ciudad que vivimos con ojos tan distintos que parece que sean dos territorios enfrentados, para decirme que ella está ahí, que me ve coherente, pero parcial, que me tiene entre las personas cercanas y que la vida, al otro lado de esa barrera invisible que se construyó a nuestras espaldas, puede ser igual de plena e interesante.

Un beso, Susana.

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