miércoles, febrero 22, 2017

Ambición

Tengo una teoría aún no del todo desarrollada que versa sobre la ambición.

Como toda teoría, tiene fundamentos experimentales. Salvo excepciones, pienso que llega más lejos aquel que piensa en la perfección del presente. Quien cree en la excelencia de su trabajo diario o quien echa toda la carne en el asador de sus relaciones personales de hoy, aquí y ahora.

Es imprescindible para ser una persona completa tener un proyecto de vida. Las ilusiones son la zanahoria que nos hace tirar hacia delante, no hay discusión al respecto; pero la fórmula más cercana a una perfección que no existe pasa por potenciar la brillantez en el tiempo en el que vivimos. No podemos contemplar el éxito personal como meta si no entregamos nuestro esfuerzo en construir un presente sin parapetos.

No hay nada más lejano a las ecuaciones matemáticas que la existencia humana, ni reglas que determinen qué será de nosotros en función de cómo nos comportemos. Todo se puede poner patas arriba en cualquier momento y debemos estar preparados para ello. Partiendo de esa base insoslayable, la de la aleatoriedad de un chaparrón de condicionantes que nos determinan, soy de los que piensan que no hay mejor receta para ser una persona válida que la de mantener la coherencia en el día a día con nuestros principios, la de currarnos un presente excepcional y apasionado para no lamentar haber perdido el castillo futuro construido en nuestros sueños de justicia personal y merecimientos teóricos que nos hagan convertirnos en amargados por lo que debiera haber sido y no fue.

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