jueves, abril 07, 2016

Agujas

Cuando suena el despertador cada mañana se interrumpen de bruces mis sueños. Es un momento de shock en el que de golpe uno se asoma a lo real; sin embargo, tengo el privilegio de saber encontrar el camino de vuelta en los cinco minutos de tregua que el móvil me concede antes de volver a cacarear diana.

Uno atesora la suerte de recordar los sueños y la enorme fortuna de poder volver a ellos sin dificultad, conectando con el momento preciso en que una alarma me sacó de allí sin miramientos; siempre he pensado que ese don con el que nací me permite poseer un mayor nivel de felicidad que la media de los humanos.

Al tener la capacidad de sumergirme de nuevo en mi otro mundo, puedo deshacer, como quien viaja en el tiempo, las desconexiones que se manifiestan (tal vez para repararse) en esas horas en que disfruto de mi doble vida, aquélla en que sigo riendo a carcajadas en mis veraneos infantiles, en la que mi madre me besa para dormir, en que tomo palmeras de chocolate junto a Mariángeles en Reina Mercedes o navego por el Guadalquivir con mi bote de remo escuchando las campanas de la Giralda al amanecer; esa vida, también, en la que los fantasmas de la soledad me acechan como cuervos negros, junto a los complejos, las broncas de la gente que no me quiere y mis dudas sobre la naturaleza de una fortaleza propia que no sé si es ficticia.

El caso es que tengo cinco minutos de gracia en esas horas tempranísimas en que sé que mi cuerpo despierta agarrotado, y buceo entre mis sueños para desenmarañar los entuertos, extrayendo las agujas que me pinchan, riéndome de los que buscan las cosquillas de mi infelicidad, desbloqueando informaciones que atacan para atrincherarse en mi subconsciente y dedicarse el día entero, en la vida real, a martillearme mis miedos sin piedad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande, escribes tu interior y a mi me parece leer el mío.

Salvador Navarro dijo...

Gracias, seas quien seas. Un abrazo

Anónimo dijo...

Tú si que mereces abrazos, pero de los buenos, de los sinceros, de los que se dan entre personas nobles de corazón.

Salvador Navarro dijo...

Así da gusto comenzar las mañanas...