miércoles, septiembre 02, 2015

Hinchable

Alquilamos una furgoneta para llevar muebles a nuestro piso de Conil tras la pequeña obra que le hicimos este invierno. Al volver a casa para cargar decidimos meterla en la plaza de garaje para no interrumpir el tráfico. Yo fui dirigiendo la entrada por la rampa desde fuera hasta darme cuenta, tarde, de que iba a quedar encajonada.

-¡¡¡Para!!!

La furgo se quedó a medio camino. Pusimos el freno de mano y estudiamos la situación a sabiendas del movimiento continuo que tiene nuestro garaje. No había más remedio que tirar hacia arriba marcha atrás.

Justo cuando arrancaba, yo, desde fuera, veía como se hinchaba, hacía un ruido enorme y volvía a clavarse contra el techo del garaje.

-¡¡¡Para!!!

Aquello olía a humo de neumático y desesperación.

-¡La furgo se hincha!

Fran me miraba como quien mira a un loco.

-¿Cómo que se hincha?

-Que se infla. En cuanto le das hacia atrás la furgo se hincha.

Volvimos a intentarlo porque lo ocurrido no tenía lógica, mientras yo pensaba en la dificultad de meter una grúa en esa ratonera para tirar del muerto hinchable. De nuevo el humo y el ruido.

-¡¡¡Para!!!

Así hasta tres veces. Nos plantamos e intentamos razonar, pero no hay lógica que sirva cuando te atenazan los nervios, de modo que a la cuarta decidimos tirar hacia detrás arrasando con todo. A fin de cuentas la habíamos alquilado con seguro a todo riesgo. El ruido fue de los que se quedan grabados y el techo de la furgoneta se quedó hecho cisco.

Ya con la cerveza en la mano Fran dedujo:

-Creo que el freno de mano tenía más recorrido.

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